Cristo de madera de factura popular. Lleva encarnaciones rojizas y grandes marcas de sangre en rodillas y espalda principalmente. Los ojos son de vidrio y el pelo es natural (peluca). La cruz no pertenece al original. Lleva un sendal de tela ya que no tiene tallado uno al cuerpo. Tanto los clavos como la corona de espinas son de factura contemporanea.
Los Cristos Crucificados son el tema central de la iconografía cristiana, cuyo lugar tradicional es el eje del coro de las iglesias, el centro del trascoro o la parte central del presbiterio, dependiendo de la advocación de la iglesia. La representación de Cristo crucificado ha variado mucho a través de los siglos, reflejando al mismo tiempo la evolución de las doctrinas teológicas y el sentimiento religioso. Sus ojos se cierran, su cabeza cae sobre el hombro derecho, su cuerpo se desploma y flexiona: ya no es más que el cadáver de un hombre muerto en el suplicio, que ha perdido toda majestad real y que sólo inspira compasión. Esta forma de representación se realiza debido a la necesidad teológica de manifestar que la muerte de Cristo no ocurrió sólo como un proceso orgánico sino como un acto de su Voluntad Divina.
Observaciones del bien mueble
Esta repintado en varias ocasiones, actualmente se conserva la casi completa la última capa de policromía.