Sacada de su contexto original a partir de las reformas al edificio, esta figura es de tamaño natural y nos muestra a una Magdalena de rostro tierno y apacible. Cabe señalar que el movimiento propio de la figura descansa en los brazos y manos como si en algún momento hubiera sostenido un objeto, posiblemente el perfumero que a veces la acompaña como atributos pues guardó en él los aceites con que lavó los pies de Jesús y con los que también ungió su cuerpo después de muerto.
Observaciones del bien mueble
Tiene mutilado un dedo de cada mano.
La pieza podría, ser de fines del siglo XIX o principios del siglo XX.