En la escena se observa a San Ignacio de rodillas y vestido con la sotana negra de la orden; presenta el pecho abierto y su corazón expuesto. Frente a él se encuentra San Juan Bautista, semidesnudo, cubierto con una zalea de camello y con un báculo en la mano izquierda. En segundo plano dos ángeles auxilian a San Ignacio, mientras que en la parte superior se localiza la paloma del Espíritu santo. Presenta un marco de madera reciente.