Por la técnica y los materiales empleados, se puede acercar el fechamiento al siglo XVIII, pero la escultura sigue un esquema de representación anterior. Esto es especialmente notorio en la cabeza, donde la forma de disponer el pelo respeta la convención manierista de dividirlo en tres partes, dos laterales y una mayor que se levanta sobre la frente.
Es una escultura muy buena y por lo tanto se lamenta aún más su pésimo estado de conservación. A diferencia de la escultura española, que representó muchas flagelaciones, la escultura novohispana dejó de lado a los flagelantes, posiblemente por la dificultad para representar el cuerpo humano.
Observaciones del bien mueble
El hábito está hecho de tela encolada y pegada; el halo es de plata y los ojos de vidrio. Toda la superficie del cuerpo está craquelada, como si hubiera sido expuesta a un calor muy fuerte. La parte correspondiente a la base -las rodillas- está en muy mal estado.