Arrumbado en la bodega, esta escultura sobresale por la finura de sus rasgos y el detalle de su tallado como nos los demuestran las venas que corren por sus manos; esta cualidad le otorga un movimiento natural a la escultura que nos muestra a un Santo Domingo semi-inclinado llevando sobre su pecho una pequeña cruz de madera mientras que alza un brazo y su mirada suplicante al cielo.