En uno de los nichos de la Fachada Principal, la escultura de la Virgen aparece con las manos unidas en actitud de oración, pendiendo de ellas el Santo Rosario.
Cuenta la leyenda que la Virgen María se apareció en 1208 a Santo Domingo de Guzmán en el monasterio de Prouilhe (Francia) con un rosario en las manos, le enseñó a rezarlo y le dijo que lo predicara entre los hombres. El santo se lo enseñó a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort antes de la Batalla de Muret, cuya victoria se atribuyó a la Virgen.
Por ello, Montfort erigió la primera capilla dedicada a esta advocación, siendo desde ahí la patrona de las batallas.