Imagen principal
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Clave del inmueble
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Nombre del Inmueble
Purísima Concepción
Nombre del Inmueble (en cédula)
Purísima Concepción
Periodo legal del inmueble
Época
Siglo XVIII
Siglo de inicio de edificación
URL de Cédula del inmueble
Estudio Monográfico
Antecedentes históricos
Templo de la Purísima Concepción, Ciudad del Maíz, S.L.P.
Miguel Barragán y Nereo Rodríguez Barragán, así como la parroquia, fueron modificados en su exterior en 1903, cuando se le integró un reloj. El templo cuenta con un pequeño retablo barroco ubicado en uno de los cruceros y retablos neoclásicos ubicados en el presbiterio, crucero y dos en la nave. Además, cuenta con un órgano tubular del siglo XVIII.
Las fiestas populares se realizan del 12 al 20 de enero, el 8 de diciembre el novenario de la Purísima Concepción, patrona del pueblo, el 19 de marzo las fiestas patronales de la Villa de San José, donde existe un pequeño templo, y el 15 de agosto la fiesta patronal del barrio del pueblo, donde existe el templo de Nuestra Señora de la Asunción.
Ciudad del Maíz se localiza en el oeste de la zona media del estado de San Luis Potosí, en las coordenadas de 20º17' a 22º50' de latitud norte y 90º11' a 100º03' de longitud oeste. La cabecera municipal se encuentra a una altitud de 1239 metros sobre el nivel del mar. El municipio colinda al norte con el estado de Tamaulipas y al sur con Alaquines.
Es una zona árida, esteparia, socarrada y seca, dentro del altiplano potosino y cercana a la serranía de bosques de encino y a ríos que bajan de la Sierra Madre Oriental. Lo circundan los cerros del Capadero, Huilotas, Flechado y la Cruz.
La ciudad fue fundada el 15 de julio de 1617 por fray Juan Bautista Mollinedo, con el nombre de la Conversión de Nuestra Señora de la Concepción del Valle del Maíz, según datos del licenciado Montejano y Aguinaga, o Purísima Concepción del Valle del Maíz. Fray Juan Bautista Mollinedo, junto con el fraile Juan de Cárdenas, llegaron al explorado puesto de Río Verde; después se dirigieron a Pinihuan, Lagunillas y Camotes, donde levantaron capillas de paja y continuaron hasta el Valle del Maíz. Allí dejó formado un pequeño convento e iglesia, aunque todo como casa pajiza; posteriormente continuaron su viaje hacia el puesto de Tula. El 5 de marzo de 1612, fray Juan B. Mollinedo obtiene la cédula real que provenía del marqués de Guadalcázar, para que apoyara con lo necesario para la conversión de los indígenas y, en consecuencia, la fundación del convento e iglesia de Río Verde, con la custodia de Santa Catarina Virgen y Mártir del Río Verde. Con los documentos estuvo en trece fundaciones, de todas las importantes, las de Río Verde y de Ciudad del Maíz. La primera, porque fue la cabecera de la Custodia, y la segunda porque llegó a tener dos "visitas". de todas las fundaciones se levantó acta. La correspondiente a Ciudad del Maíz dice: "...según cierto traslado que se sacó en Querétaro a 30 de mayo de 1690, autorizado en la forma de estilo por el escribano real Ignacio Serrano, ya que el original se perdió". de la anterior copia se menciona la fecha del 15 de julio de 1617, a fray Juan B. Mollinedo, la licencia de la Custodia de Río Verde, el mandato del señor don Diego Fernández de Córdova, marqués de Guadalcázar, virrey de la Nueva España, la reunión de chichimecos, capitanes de ellos y algunos españoles, la celebración de la misa que se realizó en una hecha de jacal que fue construida por órdenes del fraile cuando visitó y cristianizó a muchos de ellos y, ofreciendo la paz, desearon recibir la fe católica, ser cristianos y administrados con los santos sacramentos, de lo cual se consiguió licencia. Después de celebrar el santo sacrificio y estando en el altar de la iglesia, a la cual se le puso el nombre de Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción como abogada y patrona. Los límites de la recién fundada conversión: al oriente se encontraba el llano Las Gallinas, con todas las vertientes del cerro de San Nicolás; por el poniente, hasta la Angostura; por el norte, hasta el puerto y llano de Lágrimas; y por el sur, hasta el arroyo de Alaquines.
En la historia del pueblo se menciona a fray Pedro de Torres, cofundador y primer ministro de la Conversión de Nuestra Señora de la Purísima Concepción del Valle del Maíz, pero no existen más datos que lo corroboren ni datos del periodo que estuvo por este lugar. En antiguos documentos se habla de pames, chichimecas, otomíes, aguilares, alaquines, mames, mascorros, más tarde de negros, mulatos, lobos y chinos, que fueron los resultados de las cruzas raciales. En el acta de fundación se habla únicamente de los chichimecos. Cuando se realizó un informe sobre el pueblo en 1695, se comentaba la existencia de cien familias de indios chichimecos de la nación pame. La ubicación de los primeros asentamientos no es la actual y el pueblo no nació como de españoles, sino como misión de indios, por lo que no fue necesario realizar la traza a cordel y regla ni las ordenanzas; los indígenas tendrían su propio gobierno, sus solares y su iglesia. Debido a las inundaciones, se provocó el cambio de sitio, alejándose un poco del río; posteriormente, un poco más, porque aún se alcanzaban las aguas. Hay datos de que la primera iglesia se encontraba en los terrenos del actual templo presbiteriano y, cercano, se conservan vestigios de muros antiguos, quizá los pertenecientes al segundo templo. En septiembre de 1751, nuevamente sucede una inundación que causó muchas muertes y dejó por tierra el templo y convento, por lo que volvieron a cambiar su ubicación. Fray Miguel de Santiestéban, en 1758, informa que la misión ha sufrido dos inundaciones y la iglesia se ha mudado a sitios diferentes, y donde actualmente se encuentra está fabricada de madera.
En la misión existe un religioso en 1626, de acuerdo al informe realizado por fray Pablo Armiento, quien fue ministro provincial. Comenta que el fraile se llama Rafael Díaz, que se encuentra enfermo y que el pueblo está formado por otomíes, siendo como treinta familias; que fuera del pueblo hay cien familias de chichimecas de nación pame; que la conversión del Valle del Maíz tiene otra misión llamada San Nicolás, ubicada a seis leguas de distancia. Además, hace referencia a que la iglesia es nueva, que se ha fabricado en esos años y está muy lucida y adornada, aunque es de adobe y jacal por techo, y que la vivienda del religioso es de lo mismo, sin forma de convento, sino una casa ordinaria con clausura.
En un escrito de varias solicitudes realizado por don Thomás de la Mora Varreda, cuando la custodia de Río Verde estaba en extinción, comenta que es necesario que la visita de San Nicolás de los Montes forme definitivamente parte de la Misión del Valle del Maíz. En otro informe de fray Martín, comenta que el convento es de adobe, envigado y terrado, y no de jacal como los demás en las otras misiones.
En 1733, entró a la misión, con patente de comisario visitador de la Custodia, fray Gonzalo Lambarri, quien permaneció del 15 de enero al 10 de febrero. Debido a la problemática que se presentó con las disputas de los Aguilares, Moctezumas y Barraganes, como consecuencia, dos años más tarde, la fisonomía del Valle del Maíz, que antes era una, pasó a ser otra diferente, pues antes no había más que indios y descendientes de las dos parcialidades que lo fundaron años atrás. La iglesia, posiblemente la segunda, con su convento y plaza cerca del arroyo que baja de la cañada, un corral en la dicha plaza; en la circunvalación de la iglesia no hay casas, sino tres jacalillos o chozas de muy poco momento; lejos de ahí era donde los indios tenían ubicadas sus casas, corrales, cocinas y demás necesarios para su servicio, pero tenían su propio gobierno indígena, aunque carecían de casas reales, cárcel y demás que dan forma a una villa.
El 25 de julio de 1736, el teniente general de corregidor de la jurisdicción de Villa de Santiago de los Valles informa que, estando en la plaza pública y sonando la caja de guerra para que se reuniesen los habitantes, autoridades y fray José Zedeño, y por mandato del virrey, se señala la situación de las casas reales del lado occidente de la plaza, así como del lado oriente y sur, donde se ubican las oficinas necesarias y la cárcel, y siguiendo la otra fachada, que está al norte de la plaza, donde está la iglesia parroquial, se continúa el trazo para las demás casas y, así como está, los demás trazos a cordel y regla, donde se instalan diferentes familias. Con lo anterior, se formó un ayuntamiento de y para los españoles, y los indios siguieron con su gobierno propio; continuaron también los dueños de las viejas cofradías del Divinísimo Señor de las Ánimas Benditas y de la Hermandad de la Purísima Concepción, con sus respectivos bienes: algunos pegujales y ganado mayor y menor, que después fueron despojados por los Moctezuma y los Barragán.
Un incendio que aconteció en los archivos parroquiales de la Pura y Limpia Concepción del Valle del Maíz en 1746 provocó que no existan los registros de los primeros pobladores. El día 10 de diciembre de 1751, un ciclón azotó el poblado, anegándose el agua que bajaba embravecida en el centro del valle, arrasando a su paso las gentes, casas, animales y, en consecuencia, la iglesia y el convento. Nuevamente se repite el accidente en 1755 y se comenta que la misión está muy expuesta a las inundaciones. En un informe de un provincial se comenta que el pueblo experimentó un gran quebranto, pues sus casas están en ruinas, al igual que el nuevo templo, que había empezado su edificación en 1752 con cal y canto y que nuevamente se hallaba de jacal.
La misión de San José, en 1753, inició la fábrica de su iglesia, proyectada para ser de grandes proporciones, y prueba de ello quedan sus muros inconclusos de la ampliación que se le realizaría para obtener el templo con planta de cruz latina. En 1761 concluyeron la primera nave y su torre.
Por tercera vez se vuelve a trazar el centro de la población y a mudar la iglesia, esta vez buscando un sitio del todo a salvo, y es donde actualmente se encuentra el centro histórico del poblado. Fray Manuel Núñez explica en su correspondencia del 6 de diciembre de 1761 el desarrollo de las actividades religiosas, de los problemas económicos y que la misión ha sido reedificada por las dos inundaciones sufridas. La iglesia actual se fabrica de cal y canto, con su crucero que pudiera lucir en cualquier parte; la iglesia en uso es de jacal y su respectivo convento, con todo aseo y curiosidad, así por el culto divino como para la vivienda para los religiosos. Toda obra material de la iglesia y convento se compone de dieciséis piezas, que a su solicitud y con las cortas obtenciones de la gente de razón que se administra, se ha fabricado desde el año de 1755, en que fue la última inundación y se arruinó toda la fábrica antigua. Asimismo, se halla en la misión de los indios pames una capilla de cal y canto de veinticinco varas de largo y siete de ancho, con su torre de tres cuerpos, con tres campanas medianas y el necesario y decente ornato para celebrar el santo sacrificio de la misa, cuyo titular es el Señor San José, todo fabricado de dicho tiempo a esta parte, y en ella se congregan diariamente los indios de dicha misión a rezar la corona de la María Santísima. Esta misión (hoy San José de la Villa) se fundó por orden del virrey, con misión propia y exclusiva para los pames en su mismo barrio; su primer ministro fue fray Miguel Santiestéban y denominada "Misión de San José del Valle del Maíz o de los Pames". Esta fue la última expansión de la Custodia de Santa Catarina Virgen y Mártir del Río Verde.
En 1765 llegó al pueblo el doctor Jerónimo López de Llergo, en calidad de visitador general del Obispado de Michoacán, y los feligreses aprovecharon la oportunidad para exponerle sus deseos "que siempre han demostrado en tener parroquia decente en que se celebren los divinos oficios y descansen sus huesos", de lo cual hubo una reunión en la que se dirimió favorablemente el asunto. Fue presidida por el señor visitador y asistieron los principales vecinos, quienes eligieron superintendente de la fábrica material a don José Domingo Martina, por ser la persona activa, vigilante y, al parecer, de honrados procederes, y escogieron el sitio para la misión. En la cual se levantó un acta en la que se establecen las dimensiones de la nueva edificación: sesenta varas de largo y ancho, dieciséis con seis de pilastras a pilastras hasta la pared, de donde deberían de resultar la pilastra, con lo que quedara espacioso el templo y de modo que anduvieran las procesiones en su circunferencia y sin confusión de las gentes. Para mayor desahogo, se determinó que en las paredes se señalaran unos ciegos de tres cuartas por lo menos, para que en su concavidad se colocasen los retablos y mesas de los altares, de cuya suerte no estorbarían sus tarimas el paso y, a poca costa, se adornaría, pues sin que llegase hasta las lunetas quedarían las colaterales vistosas y con armonía, colocados y casi formando capilla, separados unos de otros; que su altura fuera de dieciséis varas a poco más y la del cimborrio correspondiente al arte, por lo cual se habían de gobernar los artífices para la dimensión del presbiterio, crucero y cuerpo de la iglesia, el que parecía que había de tener cuarenta varas de longitud desde el arco del cimborrio hasta la puerta principal; que el ámbito de esta sería de doce varas de longitud y latitud, los dieciséis de ancho, sobre que había de estribar las pechinas en que se había de asentar el anillo de cantería y la sotabanco, con que se han de estar a proporción abiertas las ventanas; las que rematarán en otro anillo sobre que se había de levantar la media naranja, en que por último remataría con su linternilla y respectivas ventanas y proporción de su tamaño; que la bóveda de sus cruceros fuese de siete varas y las del presbiterio de ocho y las del coro de los mismos tamaño que de la última; con que se había de cubrir la iglesia, que reguladas en las cuarenta varas de su cuerpo, vendrían a tener diez cada una; que sus puertas fuesen de marcos de cantería, delineados como arcos para la hermosura y, para esta y guardar las dimensiones que los arquitectos optarían, fuera de cinco o seis varas de alto y el ancho la mitad de esta medida, pues es lo que prescriben los autores; se tenga presente por los maestros para no errar las dimensiones; las ventanas han de ser claros correspondientes del que hay desde la cornisa hasta la media luneta, con chaplanes en los derrames para que las luces se reciban en el pavimento de la iglesia y no padezca esta el grave defecto de oscuridad; que el bautisterio se trace al lado de la pared que corresponda al evangelio, con su puerta debajo de la bóveda del coro, trazando otra al lado de la epístola que sirva de entrada al caracol por donde se ha de subir a él y a la torre, donde han de estar pendientes las campanas con que se ha de repicar y hacer seña para que concurran los fieles a los divinos oficios, poniéndose su frontis o portada de piedras en que se esculpan algunas labores que no sean demasiadamente costosas, pero con tal artificio que hermoseen sus respectivos lugares donde se abrieren las puertas; que las que caen a la sacristía correspondan en la pared con que se ha de dividir ambas piezas, que es la más cercana al cimborrio por el lado del presbiterio, en el cual no conviene haya puerta alguna para librar el aire a los ministros cuando celebren el santo sacrificio, de la cual incomodidad no participarán estos y los fieles que concurrieren en otro crucero; y en lo restante del cuerpo, de grado remiso, con un cancel que se podrá poner por la parte inferior de la sacristía, el que resguardará de este elemento a todos cuantos estuvieren en ella y aún en el crucero inmediato a la puerta por donde se han de comunicar.
La distribución fue aprobada por las circunstancias y consintieron que así se formara el diseño, y con particularidad el dicho fraile misionero ante quien se efectuaron las conclusiones, agregando también que junto a una de las esquinas de la parroquia y de la plaza principal quedaría enfrente del cementerio, que tendría la puerta principal treinta varas y por las laterales cincuenta, con lo que queda un espacioso atrio y con capacidad de sepultar. Además, se fabricarían las oficinas necesarias para el servicio de la iglesia; del terreno mencionan que no tienen dueño y, si faltara, harían uso de una porción de la propiedad de H. Barragán.
Conforme a lo estipulado, se inició la construcción del templo, pero al poco tiempo murió el superintendente y la fábrica decayó; para 1780 prácticamente estaba suspendida. Don José Antonio Ortiz de Zárate, quien era mayordomo de la fábrica espiritual y material, tuvo contradicción con los franciscanos y se iniciaron las acusaciones en la Mitra de Michoacán. Las altas paredes del templo se encontraban cerradas en 1789 y las dos puertas y bóveda del coro acabadas; la sacristía y el bautisterio, un año después, cerraban la cúpula, y en 1797 se colocaban las puertas de madera. En una de ellas se conserva la inscripción de que se elaboraron la puerta principal y la del coro, fechadas 31 de marzo y 5 de julio de 1797, por el maestro Leandro Ogeda.
Don Felipe Barragán, capitán de fronteras y con insignias militares, murió el 24 de diciembre de 1796 y fue sepultado abajo del presbiterio. En el primer plano, en el centro del templo, se colocó una pira que era tan alta que llegaba hasta cerca de la media naranja o cúpula que quedaba sobre el altar mayor.
A fines del siglo, la iglesia ya estaba concluida, pero la torre quedó pendiente, presentando únicamente su primer cuerpo, y lo proyectado en cuanto a dimensiones del templo fue cambiado, quedando de 52 varas de largo por 12 de ancho, con 25 ventanas: 8 en el cimborrio, 12 en el cuerpo de la iglesia y una en el coro.
Se deduce que los altares fueron magníficos, como el que aún se preserva dedicado a San Francisco de Asís, un pequeño retablo de madera barroco anástilo.
La imagen titular del templo, que es una escultura de la Purísima Concepción, fue realizada por Manuel Tolsá, y de ello nació la leyenda de que don José Florencio Barragán observó la escultura que Tolsá terminaba para una iglesia de Guatemala y logró que el artista le vendiera la escultura, pero no definió a dónde la destinaría y convocó a un concurso entre los habitantes del Valle del Maíz y Río Verde. Sería para los que llegaran primero por ella a la Ciudad de México; pese a la distancia, los pobladores del Valle del Maíz ganaron y acompañaron la imagen con andas, un gran dosel de terciopelo y seda, y sobre hombros, en una gran procesión, llegó a su iglesia. Se hace suponer en una fecha aproximada de 1791, pues el benefactor muere en 1810.
Al respecto, nace otra leyenda: la adquisición que realiza este mismo benefactor con tres esculturas, la Purísima y un Santo Entierro, que fueron trasladados por carretón, y al pasar por Alaquines, las mulas se encontraban cansadas y no continuaban su camino, y además estaba por romperse el eje del carretón, por lo que descargaron la caja, se aligeró el peso, tomando como señal que el Santo Entierro se decidía quedar en Alaquines y la Purísima Concepción viajó hasta llegar a Ciudad del Maíz.
En un documento, el Pueblo de la Concepción de Ciudad del Maíz, en noviembre de 1849, se hace mención de los indios congregados de San José del Valle o Villa, que se llamaron pames, oriundos dueños del país, pero que tuvieron que ceder no solo el local que ocupaban, que es el lugar que se conoce como Ciudad del Maíz, sino que además se cedieron dos caballerías de tierra. Los habitantes de Villa de San José se fueron congregando en Misión porque ellos eran los aborígenes de la zona. Además, el templo contaba con imágenes, con sus adornos de plata, buenos ornamentos de todos colores, ropa blanca en la sacristía, con dos cálices, copón y custodia de plata dorada, incensario, naveta, crimeras y concha del bautisterio de plata, como también la ampolleta del óleo santo de enfermos. El cementerio está cercado de calicanto, con dos hermosos arcos. El conventito todo es de calicanto, con tres celdas dobles abastecidas de sillas, mesas y camas; también tienen todas las oficinas necesarias y precisas y su librería con surtido de libros morales, catequísticos y predicables.
En marzo de 1811, al pie del cerro de la Cruz, tuvo lugar la batalla entre la guerrilla de Herrera y el coronel realista García Conde. Seis años después (1817), el general Francisco Javier Mina entabla batalla con el realista Villaseñor. En febrero de 1827, el pueblo se elevó a categoría de villa y en octubre del mismo año se le da el nombre de Ciudad del Maíz. Un contingente de potosinos se concentra en esta ciudad para luchar en contra de Barradas en Tampico en el año de 1829.
En el inventario parroquial de 1892 se menciona que la escultura de la Purísima Concepción se encuentra en su camarín; tiene al pie dos querubines, una media luna de plata, una aureola de doce estrellas de plata dorada y tres anillos de oro. Está vestida con camisa y dos enaguas de crea y túnica de tela de plata y manto de seda azul bordado de hilo de plata. Después de presidir desde lo alto de su altar la vida del Valle durante un siglo, la bendita imagen desapareció, como se dirá en su lugar.
En los primeros años del siglo XX (1905), Vicente Cedillo se levanta en armas en la localidad de Minas Viejas y los hermanos Cedillo se apoderan del pueblo, haciéndolo cuartel hasta 1915.
El templo de la Purísima Concepción sufre un incendio el 14 de diciembre de 1913 y se pierde la mayoría de la decoración del templo; subsisten solo algunas esculturas barrocas, como la de San Antonio y el pequeño retablo de San Francisco. Como consecuencia, se mandaron a elaborar los retablos de madera de estilo neoclásico.
En 1944, la torre que quedó inconclusa es coronada con un cupulín.
En 1932, por decreto, se le cambia el nombre a la cabecera y al municipio por el de General Magdaleno Cedillo, recobrando su actual nombre también por decreto en 1950.
El general Miguel Francisco Barragán nace en esta ciudad y se convierte en presidente de México en 1836. Los hermanos Pedro y Carlos Díez Gutiérrez nacen en este municipio y ambos se convierten en gobernadores del estado de San Luis Potosí. Se destacan, además, el licenciado Juan Barragán, el doctor Nereo Rodríguez Barragán y el general Saturnino Cedillo.
Los principales monumentos arquitectónicos de Ciudad del Maíz son el Palacio Municipal, que fue la antigua mansión de don Felipe Fernández de Lima Barragán. Las casas donde nacen...
Orden religiosa (original)
Franciscana
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
San Luis Potosí > Ciudad del Maíz > Ciudad del Maíz (240100001)
Estado Municipio Localidad (Original)
San Luis Potosí, Ciudad del Maiz, Ciudad del Maiz
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Conocida
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
Templo de La Purísima
Código Postal
N/A
Otra localización
Ciudad del Maíz
Planta arquitectónica (original)
Cruz Latina
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Fecha del levantamiento del inmueble
1 junio, 1998














































