Imagen principal
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Antecedentes históricos
La fundación de San Felipe obedece a la orden de San Francisco, que evangelizó la sierra oriental del estado en 1765. El cura y juez eclesiástico de la villa de San Juan Zitácuaro, el bachiller Pedro Joseph de Velasco, responde la carta Cordillera describiendo los pueblos de la doctrina de dicha villa, que ya habla del pueblo de San Felipe. Nos dice: “…Entre el poniente y el norte está el pueblo de San Felipe… tiene iglesia de mampostería, un vaso sagrado y los preciosos ornamentos para celebrar la misa…”. Esta población, de origen otomí, está inserta en la sierra oriental de Michoacán, colindante con el Estado de México, a donde se agrupan etnias otomíes y mazahuas, entre los que las cruces del panteón representan un simbolismo cristiano de gran relevancia. En esta zona encontramos fuertes reminiscencias prehispánicas de estos núcleos indígenas, tan poco estudiados en lo referente a sus ritos religiosos. Círculos de obsidiana y nichos para ofrendas de copal aparecen en cruces y portadas, apenas insinuados pero presentes y aún vigentes en el sentir religioso de los pobladores; tal es el caso de las cruces del templo y la capilla del hospital de esta comunidad.
El atrio de San Felipe es uno de los más interesantes de la entidad. Está conformado por una comunidad de origen otomí enclavada en la sierra michoacana, colindante con la región mazahua-otomí del Estado de México. Está delimitado por una barda de piedra rematada en lomo curvo, con algunas almenas coronándolo. Tiene dos accesos: el principal, ubicado al poniente, y otro secundario que va hacia el norte, donde se encuentra la carretera. La arcada principal de acceso se enmarca por un arco de medio punto sobre impostas, rematado con tallas lisadas en los extremos y una cruz de piedra en la cumbrera central. El espacio está subdividido por andadores de cemento que convergen en la cruz atrial, cuyo espacio se delimita por arcos invertidos y rematan frente a la fachada en una plazuela de losas de cantera que vestibula la nave. Áreas verdes de vegetación escasa, recién plantada, se enmarcan de madera dispersa y arbitraria, después de haber desplazado los árboles que aún se conservaban hace pocos años, en un terreno sembrado de tumbas que le daban un interesante aspecto menos ordenado y acartonado que el actual, en donde se nota la pérdida de la identidad del grupo indígena propio del lugar.
La cruz atrial está revestida de verdadero simbolismo indígena, siendo una de las más relevantes de la entidad. Se sustenta en una peana piramidal que remata en tres escalones sobre una base cúbica, delimitada en sus esquinas por almenas también piramidales con cruces lisadas en la cumbrera. En la peana vemos el escudo de la orden franciscana bajo dos fémures paralelos y el cráneo, símbolo del Calvario. La cruz es una espléndida pieza de talla indígena, con las llagas remarcadas en sitios estratégicos y los extremos de los brazos foliados; en el crucero se encuentra una corona de espinas con un círculo de obsidiana, símbolo de la comunicación hacia el poniente, donde está el mundo de los muertos. Pese a haber sido despojada de su ambiente natural, por suerte no se ha pretendido remozarla, conservando su belleza, dignidad y significado.
La fachada es un solo paramento liso, ve hacia el poniente, reforzada en las esquinas por canteras denticuladas que sujetan el muro lateral. Al centro se encuentra el arco de acceso de dovelas y sin clave, que se apoya en capiteles que alguna vez fueron labrados y que en alguna época, siguiendo la moda imperante, fueron raspados para quitarles las tallas. Las jambas son monolíticas, soportadas por basas iguales a los capiteles pero invertidas y apoyadas en basas cuadradas. Sobre el arco se ubica una cornisa, encima de la cual se encuentra un vano rectangular de reciente apertura, como puede verse en los maderos pintados de blanco que forman el dintel; concluye con una cornisa idéntica a la que le precede.
El paramento remata en un corte mixtilíneo, con una almena en los extremos, y se recubrió recientemente de un aplanado de mezcla terciada, cuyos parches hacen evidente su mala factura.
La torre, también aplanada y pintada de blanco, se alinea al paramento, ubicándose al norte de la nave. Desplanta de un basamento cuadrado que, mediante una gruesa cornisa moldurada ornamentada con dentículos, se separa de los tres cuerpos octagonales superiores, resultado del ochavamiento de las esquinas, que muestran hacia cada uno de los puntos cardinales un arco de medio punto flanqueado por pilastras planas de capitel toscano. Reducen sus dimensiones formando un cono rematado en una peana piramidal coronada por una cruz de brazos lisados.
La nave es de un solo cuerpo, de planta rectangular y ábside plano, delimitada por muros de mampostería horadados por vanos rectangulares que fueron abiertos recientemente. Están aplanados y pintados por el interior, desplantados de un guardapolvo de azulejo corriente; por el exterior está aplanada, exceptuando el muro de ábside y los contrafuertes. Este último muestra dos ventanillas lobuladas de corte granadino, con defectuosa talla. El piso es de mosaico de pasta corriente y sube hacia el presbiterio, en donde vemos un altar de mampostería encalado que soporta un nicho con el apóstol San Felipe, patrón del templo, con su larga cruz en la mano. El nicho se cubre por un entablamento anástilo sobre dos columnillas estriadas de capitel compuesto, en cuya parte superior vemos un lienzo con la coronación de María. A su diestra se conserva un Señor Crucificado de pasta de caña y, al frente, sobre una pilastra, la Virgen vestida con un traje indígena, con falda roja y morada, tapada con un rebozo azul gris, mostrando las sandalias pintadas sobre la piel.
El coro, ubicado al pie de la nave, da acceso a la torre, mientras que en el sotocoro se encuentra el ingreso al bautisterio, que ocupa la parte interior de la misma. Se apoya en tres arcos de medio punto sobre pilastras, delimitándose por un barandal de madera torneada.
El aspecto interior de la nave ha perdido su sobriedad, modernizándose con aplanados a plomo y regla y los pisos de material vidriado. El techo es de viguería horizontal, apoyada sin arrastres directamente en los muros; fue restituida hace pocos años y acabada en barniz, lo que da un aspecto digno. Por el exterior, la techumbre es a base de armaduras de madera recubierta con teja.
La sacristía se encuentra al sur de la nave y se ingresa a ella mediante una puerta a la altura del presbiterio. Conserva una espléndida viguería decorada, apoyada sobre canes labrados, que nos indican la majestuosidad que debió haber tenido la iglesia; los muros aplanados y el piso de mosaico rompen la armonía del espacio, que seguramente fue soberbio. Podemos ver sobre uno de los muebles una imagen estofada que data de tiempos de la Colonia. Por el exterior, el muro fue despojado del aplanado y se protege por un pórtico apoyado en columnas de madera sobre basas de piedra con zapata, que soportan la gualdra que, a su vez, sustenta el tapanco formado por vigas en tijera recubiertas con teja. Al frente, un pequeño jardín encierra la escasa vegetación, delimitándose por una malla ciclónica apoyada en cadenas y postes de concreto armado.
Orden religiosa (original)
Franciscana
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Michoacán de Ocampo > Zitácuaro > San Felipe los Alzati (Colonia Nueva) (161120052)
Estado Municipio Localidad (Original)
Michoacán, Zitacuaro, San Felipe de los Alzati
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Domicilio conocido
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
N/A
Código Postal
61531
Otra localización
San Felipe de los Alzati
Planta arquitectónica (original)
Una Nave
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Uso inicial del inmueble
culto público
Tipo de uso del inmueble
Uso actual del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
1 noviembre, 1997






























