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Antecedentes históricos
La antigua Taximaroa fue un importante lindero del reino purépecha, habitado por indígenas de esta raza y otomíes nativos del área. El término significa “lugar de carpinteros” o “lugar donde se divide”; también se traduce como “árbol que se corta”, aunque otros afirman que se traduce como “lugar de traición”. En este sitio se asentaba el noveno bastión purépecha. Se dice que el primer español que llegó fue de apellido Villadiego, y su presencia dio pie a la leyenda de la princesa Atzimba, relatada por don Eduardo Ruiz. Le siguió otro español, “Fulano Parrillas”, que llevó a varios indígenas a presencia de Hernán Cortés, describiéndole las riquezas del sitio. Este último envió como emisario al capitán Cristóbal de Olid, quien llegó el 7 de julio de 1522 con 200 españoles y 3 000 indios aliados. Fue recibido por el cacique Cuine (pájaro) en pie de guerra, después de una batalla en que casi se destruyó la muralla que protegía la ciudad. Los indígenas que no fueron apresados huyeron al caserío cercano. Olid celebró una misa de gracias en la explanada ceremonial, pactando la paz con los señores purépechas, quienes, al ver en qué consistía el sacrificio religioso, optaron por la alianza; de ahí el nombre de “lugar de traición”. Hernán Cortés, dándose cuenta de la importancia del imperio tarasco, comisionó al alférez Montaño y a otros tres castellanos a dialogar con ellos. Rivera Cambas nos dice: “… Avanzó esta comisión por Taximaroa, cuyo gobernador y vecinos salieron a encontrarla… Los castellanos admiraron aquella población ceñida por ancha muralla;… el gobernador… avisó al rey Caltzontzi la entrada de los castellanos, enviando un lienzo de ixtle… Cuando Cortés regresó de Acapulco… pasó por Taximaroa… lo recibieron… los indígenas, entre los cuales estaba don Francisco Cuini… iban [con el conquistador] fray Ángel de Jesús y fray Alonso de Palo, que bautizaron a todos los habitantes de la comarca ya encomendada a Gonzalo de Salazar…”. “… Los españoles fueron conducidos por los naturales a los caseríos en un sitio que llaman el Reino, junto a unos cuecillos, que es el mero Taximaroa… se juntaron en este pueblo, de orden del marqués del Valle, los ídolos que derribaron y en su lugar se empezó a fabricar una iglesia…”. Según algunos autores, en 1531, provenientes de Chapatuato, llegaron los primeros religiosos a evangelizar, de la orden de franciscanos, y lo primero que hicieron fue “… derribar el CU, levantar en su lugar una gigantesca cruz de madera, construir con adobe y techo de tejamanil tanto su primera casa o convento como la capilla misional…”.
La crónica de 1570 de la Provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán relata: “… El convento décimo se fundó en el pueblo de Taximaroa… con cuatro religiosos… uno de ellos se ocupa de la predicación con mucho fruto de aquella comarca…”. Se describe la vida del más antiguo fraile que haya pisado la comarca: fray Francisco de Castro, diciendo que murió en olor de santidad. El doctor Guadalupe Romero afirma que “… congregó en Taximaroa a los indios dispersos de la cabecera. En esta época de la congregación [15 de septiembre de 1598] se construyó la iglesia parroquial… pertenecía a los franciscanos; está dedicada a San José, es de construcción sólida, amplia y de mal gusto…”. Agrega más adelante: “… La iglesia y el convento fueron destruidos en 1550; la primera se reconstruyó en su estado actual [1860] en los primeros años del siglo XVII…”.
En 1598 se haría la traza de la nueva ciudad en el sitio primitivo donde se encontraba el templo con su convento, siguiendo las instrucciones del rey de mejorar la ubicación de los nuevos pueblos. Así, “… don Gaspar de Zúñiga y Acevedo comisionó a don Martín de Serón Saavedra… para que… en un término de 100 días se ocupara de trasladar a lugares mejor acondicionados…” a varios pueblos, entre ellos el de Taximaroa, llevándose a cabo el cambio el 25 de enero de 1599. “… Se hizo la traza de la nueva ciudad sobre la explanada del centro ceremonial, donde había dos pirámides o cúes: la del Padre Viejo, el sol o Utontecuhtli, y la de la Madre Vieja, la luna u Oxomoco; la primera pirámide estaba ubicada donde hoy está la parroquia de San José, la segunda en el santuario…”.
No hubo grandes problemas para esta traza; los religiosos ya habían adelantado mucho [nos dice la monografía de Cd. Hidalgo]… el templo, el convento y el hospital ya estaban edificados. Fue reducido el atrio para dar lugar a las calles y mejorar la traza…”.
Debido al acuerdo tomado entre el obispo de Valladolid y el arzobispo de México en el año de 1751, hecho con el fin de evitar los serios enfrentamientos entre regulares y seculares, los franciscanos tuvieron que ceder sus iglesias y conventos a los curas. Un interesante documento que se relata en la monografía narra el hecho: “… El convento de Taximaroa era también guardianía en que moraban los religiosos que exige la Real Cédula… el convento tan nuevo que aún no se había acabado; sin embargo, quedó capaz para que pudieran vivir nueve y más religiosos en el modo que se entregó a la Sagrada Mitra…”. Pero esto no fue tan sencillo; la demanda del “despojo”, como llamaron los franciscanos a esta medida, duraría seis años, hasta que el 20 de agosto de 1754 pasó a la administración del clero secular, en manos del cual aún continúa. En nuestros días resulta aún imponente por su majestuosidad, a pesar de los múltiples cambios que ha sufrido; el conjunto actual consta de: atrio, torre, nave con su coro y sacristía, y casa cural o ex-convento.
El atrio es un amplio espacio casi sin vegetación, salvo algunos pinos; escasas plantas de ornato surgen de jardineras chapeadas con pañería de piedra. Frente a la nave, una portada de medio punto marca el acceso; dos más, abiertos recientemente, se ubican en las esquinas del muro frontal. Al centro del atrio se encuentra la cruz: “… EN CUYA BASE VEMOS LA FECHA 1810 CON DIBUJOS Y BAJOS RELIEVES… EN EL CENTRO de LOS BRAZOS UN CÍRCULO de OBSIDIANA QUE DEPOSITA ALGUNAS RELIQUIAS…”. Es, a decir de algunos, “… la más bella y original de las tres que existen en Michoacán; con su ornamentación simbólica y su disco de obsidiana fue precisamente el lugar donde se levantaba el CU más importante y el caserío a donde Cortés fue conducido… como más digno alojamiento…”.
Los investigadores de la supervivencia del arte indígena en la época virreinal aducen variados sentidos simbólicos a este disco: para unos, simboliza el corazón de Cristo traspasado por la lanza; para otros, “… en ese vidrio negro residían los espíritus de los dioses…”. Otros piensan que es un sincretismo de “Jesús Crucificado” y “Tezcatlipoca”, dios mexica que es llamado “el Espejo que Humea”, guía de los peregrinos mexicas en busca de Tenochtitlan, el lugar elegido por los dioses, que se representa con el pie arrancado en la guerra sagrada del Atl-Tlachinolli, por lo que adquiere el simbolismo de “Dios Sacrificado”. En el crucero, los dioses cristiano y pagano se vuelven uno en medio de la corona de espinas.
El acceso hacia la nave se delimita por pilastras con faroles de remate, alternadas con arriates de cantera.
La fachada es descrita por Gema Marín en 1970: “… Ofrece un genuino ejemplo del cincuecento. El paño liso tan característico del plateresco hace destacar en él un rosetón de tipo gótico y una portada en que las columnillas gemelas que sostienen el arco de medio punto reflejan influencia bizantina… Hay en su fachada barrocos discretamente cincelados y mudéjares no observados a simple vista. Sus ángeles, gusto clásico francés, contrastan con las conchas típicas del gusto peculiar michoacano…”. Nos sorprende esta descripción que habla de conchas y ángeles, así como de columnillas gemelas, elementos que no vemos en ninguna parte. La actual fachada es un enorme paño de sillarejo irregular de piedra volcánica que, vista a distancia, denota la presencia de una portada ya inexistente que quizá algún día obedeció a la descripción anterior. La portada que hoy vemos consiste en un arco de medio punto de extradós en doble paño; está dividido en casetones separados por triglifos con una flor de cuatro afilados pétalos al centro y con una basa simulando flecos de diseño similar a los pétalos ya descritos, mismo que se repite en el capitel. Las jambas están trabajadas de igual manera y se flanquean por pilastras en bajo relieve con talla de espiga que se continúa en el segundo paño del arco. A los lados están dos placas a colores representando a la Inmaculada Concepción y a Jesús.
El rosetón gótico no existe; en su lugar encontramos un vano de medio punto que sirve para iluminar el coro. El remate de la fachada es triangular, rematado con almenas y una cruz de piedra en el vértice, bajo la cual destaca la carátula de un reloj; en su parte inferior se observa el antiguo límite del pretil de corte horizontal, como era común en los edificios de la orden franciscana.
Al sur de la nave, ligeramente remetida, se ubica la torre de planta cuadrada que alberga al bautisterio, el cual se ilumina por un vano casi cuadrado de derrame abocinado. La descripción de Gema Marín en 1970 nos dice: “… altura de la torre interminada campanil 27 m…”. El segundo cuerpo presenta un vano rectangular de dintel y jambas profusamente moldurados, rematado por un elemento triangular terminado en roleos semejando cortinillas; el tercer cuerpo, tosco y macizo como los anteriores, presenta vanos de medio punto de extenso derrame en cada una de sus caras, que fueron mutilados por mochetas sobrepuestas; en su interior se ubica el campanario. Un tablero de doble moldura sirve de remate, ornamentándose con almenas afiladas de perillón.
La nave, formada por tres cuerpos, corresponde en dimensiones a la de San Francisco de Asís, con 11 m de claro por 45 de largo, con muros de vara y media de espesor (1,20 m). Fueron despojados por el exterior de los aplanados de cal que los protegían, sustituyéndose este material por un desagradable gusaneo que da la impresión de paramentos con viruela. Los laterales se ornamentan en toda su extensión con almenas y se refuerzan con contrafuertes; en el ábside el tratamiento es similar y el ábside se ubica al centro del muro. El interior está aplanado y pintado; se refuerza con arcadas de medio punto simulando gruesas pilastras que enmarcan las amplias ventanas de amplio derrame con múltiples molduras. El tramo del ábside está separado por el arco triunfal y se cubre con bóveda de arista, mientras que el resto es de medio cañón; al pie de la nave, sobre el acceso, está el coro apoyado sobre un arco rebajado; se delimita por un barandal de madera tallada y conserva un órgano de viento de fines del siglo pasado, de cierto interés.
El piso es de mármol y sube hacia el presbiterio, donde se encuentra un altar de características neoclásicas. En su tesis, Gema Marín nos dice que “… su altar mayor fue una revelación del estilo clásico, con columnas corintias y doseles cortados, más severo que el sencillo de hoy, ya modificado, que conserva las columnas dóricas que forman el escabel de la Trinidad, esculturas adosadas al muro que dan remate al altar mayor. Despojado de los altares de púlpito y comulgatorio, de su decorado en frisos arabescos y su ornato de los doce apóstoles, adquirió la estampa genuina del toscano…”. Hacia el lado izquierdo del presbiterio se ingresa a la amplia sacristía, techada con toscas bóvedas de arista y piso de mármol, que se comunica al claustro.
El claustro o casa cural se ubica al lado norte de la nave; extiende su fecha de construcción desde el siglo XVI hasta el XVIII, ya que en el momento de su entrega al secular en 1751 aún no se había acabado. Su esquema arquitectónico sigue el diseño del claustrum, o sea, un espacio porticado como deambulatorio y crujías rodeando el patio central. Consta de dos niveles separados por un entrepiso de viguería; el pasillo perimetral al patio se delimita por arcos de medio punto con grandes dovelas, apoyados sobre columnas cilíndricas de basa y capitel toscanos, cuyo cubo de soporte quedó embutido por el piso de losetas de barro. El nivel superior es similar al inferior; muestra un feo barandal que rompe con la sobria elegancia de las columnas monolíticas, carentes de elementos ornamentales; la techumbre es plana y descarga hacia el patio mediante gárgolas.
Del lado norte se encuentra, en la parte posterior del predio, una construcción reciente que funge como salón de usos múltiples.
Orden religiosa (original)
Franciscana
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Michoacán, Ciudad de Hidalgo, Ciudad de Hidalgo
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Lerdo de Teja
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
Centro del Poblado
Código Postal
61100
Otra localización
Ciudad Hidalgo
GeoCoordinate
Planta arquitectónica (original)
Una Nave
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Uso inicial del inmueble
culto público
Tipo de uso del inmueble
Uso actual del inmueble
Responsable del levantamiento del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
01/12/1996


























