Imagen principal
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Clave del inmueble
MX-SC-DGSMPC-BI-16-001796
Nombre del Inmueble
San Mateo
Nombre del Inmueble (en cédula)
San Mateo
Periodo legal del inmueble
Época
Siglo XVII (XVI)
Siglo de inicio de edificación
URL de Cédula del inmueble
Estudio Monográfico
Antecedentes históricos
El templo de Ahuirán, formando parte del hospital con su capilla, debe su fundación a los franciscanos que se desplazaron desde Paracho, aunque el edificio actual fue reconstruido a mediados del siglo XVII y remodelado en el XIX.
En el Obispado de Michoacán de 1765 se lee lo siguiente: “...En el pueblo de San Pedro Paracho, en dos días del mes de septiembre de 1754 años, se recibió la Carta Cordillera que, por orden del Santo Oficio de la Inquisición de este Reino, remite el Sr. Licenciado don Joséph Antonio Ponze de León, cura por su majestad in capite y juez eclesiástico y comisario del Santo Oficio en la ciudad de Pasquaro y su distrito... respondiendo a su pregunta... digo... este curato se compone de nueve pueblos, que son este de San Pedro Paracho, que es cabecera: San Miguel Pomacuaran y San Mateo Ahuirán... ...Una legua dista el de Aguirán (de Paracho)... Aguirán se compone de 95 (individuos) de confesión y comunión, hombres y mujeres indios todos. Todo lo cual yo, el B. D. Juan Antonio de Bargas, cura por su Majestad... certifico... y que va el número de feligreses ya arreglado a los padrones de este curato... 3 de... sept. de 1784”.
Ahuirán, por lo tanto, era dependiente de Paracho, “Curato o doctrina de la sierra”, según la denomina fray Juan de Silva, agustino, en ese año de 1754.
Martínez de Lejarza, en 1822, dice que Ahuirán es un poblado dependiente de Pátzcuaro y que en ese año era “...la principal tenencia de Pátzcuaro con ayuntamiento Constitucional...”; agrega: “...en estos pueblos se conservan los mismos oficios que les prescribió con tanta solidaridad a los indios el Sr. Quiroga... Ahuirán... de temple frío, que produce maíz, y sus habitantes se ejercitan en hacer calcetas y medias de hilo...”. En este año contaba, según Lejarza, con “...un total de 250 almas...”.
Cuando conocimos el poblado de Ahuirán en 1982, carecía de atrio, igual que hoy sucede; sin embargo, como todas las fundaciones del siglo XVI, contó con su espacio atrial. En ese entonces solo se encontraba un piso de tierra en donde convergen las calles que conforman una reciente traza urbana, dando lugar a una mal delimitada plaza cívica que hace apenas cuatro años se enrasó y niveló, pavimentándose con adocreto y despojándose casi de vegetación, exceptuando un solitario árbol de fronda. La cruz atrial fue reubicada hace pocos años y colocada en el costado norte de la iglesia; es similar a otras que se encuentran en la meseta, tiene el cuerpo superior del crucero monolítico, los brazos y el poste vertical rematan en elementos semiesféricos, está apoyada en dos piedras que formaban parte del pie derecho inferior, que, dadas las deficiencias en el ensamble y las proporciones, denotan haber sido de mayor altura.
La fachada es plana, con una portada de cantera que ocupa la parte del paramento. El acceso se enmarca mediante un arco de medio punto entablerado, con la clave ornamentada que apoya sobre impostas de diseño toscano y jambas lisas. Lo flanquean dos medias muestras de capitel compuesto, desplantadas sobre altas basas planas que soportan en la parte superior un entablamento finamente moldurado, con friso sin decorar que se ornamenta de dos almenas apuntadas colocadas a eje de las columnas. El segundo cuerpo es la ventana del coro, de dintel en platabanda, cuyo marco entablerado queda en medio de dos medias muestras similares a las del primer cuerpo, pero a menor escala. El diseño se repite y remata en los quiebres de la cornisa del entablamento, creándose un frontón trunco en cuyo centro se ubica el nicho hornacina que alberga la figura de San Mateo, con una cruz en la cúspide. El paño del muro termina en forma de triángulo, siguiendo la pendiente de la techumbre a dos aguas.
La nave es de una sola planta rasa, de ábside plano, que se refuerza en el testero con dos gruesos contrafuertes que se repiten en la parte media de los muros laterales. Podemos observar los cimientos opuestos al provocarse la baja del nivel del terreno al abrirse una calle que corre paralela a la iglesia y al invadirse el predio que originalmente formaba parte de la huerta. Los muros están enjarrados y pintados por el interior y aparentes por el exterior, quedando la piedra al canto, junteada con lodo, de igual manera que las naves que datan de la misma época en la región. Carece de vanos, exceptuando las dos ventanas rectangulares que se abrieron el siglo pasado para iluminar el presbiterio y la del coro. El espacio interior es amplio y se ve mayor debido a la escasez de mobiliario, que se hizo hace pocos años, en que se rompió la tradición indígena de orar sentados en el suelo. Este último fue modificado en su material al quitarse la madera y ponerse mosaico azul y rosa, que, además de afear el interior, contribuyó a que se perdiese la costumbre, dejándose también la costumbre del sahumerio, lo que contribuye a la pudrición de la madera.
El presbiterio está dos escalones más arriba, jerarquizando el área sacra de la de los fieles. Apoyado en el muro absidial está un altar neoclásico de fuerte influencia ultra barroca y de manufactura francamente popular, que se conforma de dos cuerpos y tres calles. Está pintado todo de blanco, con las molduras y ornamentos en oro de hoja; se delimita por columnas de ascendencia estípite en el primer cuerpo y anástilas en el segundo. En las calles intermedias se encuentran dos nichos con imágenes de pasta de caña y, en el central, la imagen de San Mateo, todas de manufactura indígena. En el cuerpo superior han desaparecido los nichos laterales, mientras el central queda oculto por un lienzo guadalupano sobre el que se encuentra un resplandor circular que ocupa la parte media del remate roleado con el que se delimita el retablo y que, a su vez, se flanquea por ánforas de las que surgen elementos lisados.
Aún se conservan los altares laterales, dos de corte neoclásico y un tercero contemporáneo del principal, de clara influencia ultra barroca. Vemos en ellos imágenes de excelente factura, representativas de la imaginería local a base de pasta de caña, así como un San José y un Padre Eterno estofados, que indican la presencia barroca en el edificio previa a la construcción de la cubierta, que se adaptó a los desplantes de los canes de mayor antigüedad, cortándose los tirantes que los unían y que hace pocos años fueron repuestos para evitar el desplome de los muros que empezaban a abrirse.
La techumbre presenta un diseño de artesón de media batea avenerada en el presbiterio sobre cuadrales, que se une al medio cañón que cubre la nave, reforzado este último por cerchas sencillas unas y dobles otras, imitando los cañones de mampostería neoclásicos. El colmo de este alarde de carpintería de imitación de las bóvedas europeas es el desplante de un cupulín de media naranja en el tramo que precede a la venera, hecho también en tablones colocados sobre las nervaduras visibles que conforman los gajos. El color de esta cubierta es azul fuerte y se repite en el barandal del coro, sobre el cual aún se conserva uno de los antiguos tirantes.
El coro, soportado por una gruesa gualdra y pilares de madera con angostos capiteles que simulan hojas de acanto, las antiguas basas de cantera ya no existen, absorbiéndose la base de los pilares en el piso de mosaico. Del lado izquierdo sube una escalera de madera de doble alfarda que se fija a la tablazón que se apoya en otra gualdra paralela al muro de la fachada.
Sobre el artesón se encuentra una estructura de vigas independiente de este último, que apoya sobre pares o hilera con nudillos y fajillas que soportan la teja.
Como único anexo se encuentra la sacristía, que comunica al presbiterio y consiste en una sencilla habitación rectangular con muros de mampostería y techumbre a base de concreto. Adosada al muro sur, junto a la torre, se encuentra una nueva construcción de concreto y tabique, cuyas funciones desconocemos. En el lado sur de la iglesia, ocupando el resto de la propiedad y alineada a la fachada, vemos la escuela federal, que ocupa gran parte del predio y que se construyó en donde inicialmente estaba el curato. Parte de los espacios que hoy pertenecen a esta escuela fueron el sitio en el que se ubicaba el antiguo hospital con su capilla o Iuritzio, cuyos terrenos fueron quitados a la comunidad indígena para convertirlos en centro escolar durante la etapa cardenista. En esos años de agitación provocados por las ligas agrarias, los vecinos escondieron las imágenes mientras el templo estuvo cerrado, lográndose así por lo menos el rescate de las piezas más significativas del culto indígena.
La torre ocupa la esquina norponiente de la nave; fue construida con posterioridad a la misma. Ya sabemos que las campanas pendían de grandes troncos de madera, uno de los cuales aún subsistía cuando llegamos por primera vez a Ahuirán, pese a que la torre existía desde el siglo pasado. Sus gruesos muros de piedra se cortan a la altura del campanario, formado por cuatro pilastras que soportan una techumbre a cuatro aguas con vigas y lámina de asbesto. Se ingresa desde la calle por una estrecha puerta de madera.
Orden religiosa (original)
Franciscana
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Michoacán, Paracho, San Mateo Ahurian
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Domicilio conocido
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
Centro del Poblado
Código Postal
60250
Otra localización
Ahuiran
Planta arquitectónica (original)
Una Nave
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Uso inicial del inmueble
culto público
Tipo de uso del inmueble
Uso actual del inmueble
Responsable del levantamiento del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
1 noviembre, 1997






























