Imagen principal
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Clave del inmueble
MX-SC-DGSMPC-BI-16-003221
Nombre del Inmueble
San Miguel Arcángel
Nombre del Inmueble (en cédula)
San Miguel Arcángel
Periodo legal del inmueble
Época
Siglo XVII
Siglo de inicio de edificación
URL de Cédula del inmueble
Estudio Monográfico
Antecedentes históricos
La población de Tarecuato se encuentra a 36 kilómetros de la ciudad de Zamora, hacia el suroeste, en una desviación que entronca con la carretera que conduce de Jacona a Tinguindín y Los Reyes.
En el pueblo de Tarecuato se construyó un convento de la orden de San Francisco bajo la advocación de Santa María de Jesús. Al sur del mismo se edificó un hospital con su capilla dedicada a la Inmaculada Concepción de María. El pueblo, cuyo toponímico Tarecuato deriva del tarasco taracua (Tare, viejo, y cuato, cerro; o sea, Tarecuato, cerro viejo), data, al parecer, de tiempos anteriores a la conquista. A la llegada de los primeros frailes de la orden franciscana, correspondió a fray Juan de San Miguel la evangelización de los naturales, a quienes congregó, fundando los barrios que aún subsisten y las capillas que los presiden:
Capilla de San Miguel Arcángel
Capilla de San Juan
Capilla de San Pedro
Capilla del Señor de la Salud
Capilla de las Vírgenes
Capilla del Señor Santiago
Se debe al danés fray Jacobo Daciano la construcción del templo y ex convento entre los años de 1543 a 1566. George Kubler habla de una reorganización del pueblo efectuada antes de 1604, hecha por fray Juan de Espinoza, quien fue residente del lugar por más de 40 años, agregando que a él se debe la fundación de un hospital y una escuela.
El pueblo fue parte de la encomienda de fray Antón Caicedo y de sus descendientes, conservándose en estas condiciones hasta la primera mitad del siglo XVII, en que pasó a manos de la Corona.
La capilla de San Miguel es una de las que conforman los centros de barrio del pueblo de Tarecuato, donde su nombre, el barrio que la rodea, es la más antigua y la de mayor interés, puesto que es la única que conserva la techumbre decorada, como era usual durante los siglos de la evangelización, ya que en las demás solo restan los muros perimetrales sobre los que se han instalado nuevas techumbres.
Se ubica en alto respecto del nivel de la calle, con la que se comunica a través de una escalinata de cemento que ocupa todo el ancho de la fachada y que oculta bajo ella un empedrado rampante. Por su aspecto exterior, podemos confundirla con una vivienda de las que aún abundan en el pueblo, en cuyas orillas se ubica. Lo único que le infiere un carácter distinto es el vano de acceso en medio punto, elemento que no es común en la arquitectura civil del sitio.
El atrio, como tal, no existe; el espacio exterior se resume a la escalinata ya mencionada, que tiene el ancho coincidente con el frente de la capilla.
La fachada es lisa, está pintada de blanco, con el guardapolvo en rojo; es plana y solo se interrumpe por la puerta, que se enmarca por un arco de medio punto sobre impostas y jambas entableradas pintadas en color ladrillo, que desplantan sobre basas rectangulares. Este es el único elemento de cantera que tiene la construcción, ya que el resto de los muros es de adobe con cimentación de piedra mezclada con lodo. La puerta es de madera, formada por tablones verticales de deficiente carpintería y carente de interés artístico; en el extremo derecho del paramento emerge un morillo que alguna vez sustentó una campana y que hoy sirve como mufa para recibir el cable de luz que procede de un poste cercano.
La planta es rectangular, con ábside plano, delimitada por muros de adobe enjarrados con lodo que conserva el color del material, exceptuando la fachada, que, como ya se dijo, está encalada en color blanco sobre guardapolvo almagre. Alrededor de la capilla se encuentra un terreno sin sembrar que ocupa el resto del predio, quedando el edificio al centro del área, aunque muy cercano a una vivienda vecina, de la cual se separa por escaso metro y medio. Por el interior, los muros están profusamente decorados con pintura al temple, formando paneles mediante columnas de capitel corintio pintadas en la pared, que separan recuadros con grandes flores insertas en guirnaldas de olivo, una de las cuales indica el sitio de procedencia del decorador:
La cubierta interior es plana, formada por vigas horizontales que desplantan de una doble hilera de canes entreverados con tabicas que soportan los tablones que conforman el holladero. Toda la madera está decorada de manera ingenua pero interesante, y en ella encontramos al sol y la luna, así como multitud de estrellas y flores en tonos negro, blanco y azul.
La decoración interior de esta capilla le confiere una gran individualidad e interés, ya que es la única cubierta decorada que aún se conserva de tiempos de la colonia en toda la región. El altar ocupa el muro testero, de espaldas al ábside; pese a las múltiples alteraciones que ha sufrido, podemos adivinar en él la presencia del barroco en las dos pilastras ultrabarrocas que lo flanquean, cuya talla en madera estofada indica la mano de un buen artífice. Se conforma por dos calles laterales y un fanal al centro. Los nichos que ocupan las calles son recientes, hechos en madera de pino corriente y de pésima factura; tapan la parte posterior del retablo, que muestra un intenso colorido y denota la pérdida de elementos más interesantes, seguramente de origen barroco.
Lo mismo sucede con la predela, que está decorada en recuadros y cortada por una peana de mampostería encalada que soporta un fanal que suple al que debió existir originalmente y que sirve de base al roleo ultrabarroco que enmarca, guarda malletas y sirve de coronamiento al retablo. Los vestigios que aún se conservan nos indican que el retablo, pese a lo tardío de su factura, debió ser de excelente calidad, al mostrarnos aún la estupenda talla y colorido del grupo purépecha.
Los anexos no existen, ni siquiera una pequeña sacristía, y las imágenes que debían ocupar el altar ya no se encuentran en el sitio, por guardarlas los vecinos en sus casas, siguiendo la costumbre implantada por un párroco en las últimas décadas.
El piso es de solera de barro que, aunque deteriorado, le da un agradable aspecto al interior, que se afea por una franja de entortado que rodea el perímetro interior de la nave a la altura del guardapolvo y que sustituye la antigua decoración hecha por el pintor oriundo de Zacán en 1796.
La techumbre, por el exterior, es de morillos en diferentes tamaños colocados en par hilera; están inclinados a dos vertientes, se unen entre sí mediante fajillas que soportan tablones y estos, a su vez, teja. Se apoyan sobre vigas de arrastres perimetrales que están reforzadas por tirantes que se fijan al muro mediante clavas de madera que se apoyan en el muro.
En la parte posterior de la nave, en un terreno anexo, se está construyendo una iglesia nueva de grandes dimensiones, con la que se pretende suplir el culto de la antigua capilla.
Orden religiosa (original)
Franciscana
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Michoacán, Tangamandapio, Terecuato
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Domicilio conocido
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
N/A
Código Postal
N/A
Otra localización
Tarecuato
GeoCoordinate
Planta arquitectónica (original)
Una Nave
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Uso inicial del inmueble
culto público
Tipo de uso del inmueble
Uso actual del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
1 octubre, 2001















