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Antecedentes históricos
La "Relación Geográfica del siglo XVI", hecha en el año de 1579, indica que Sopoco era uno de los pueblos de Chilchota. La descripción hecha por Pedro de Villela, teniendo como testigos al “reverendo padre Lope Martínez Tinoco y Álvaro García”, fue elaborada como respuesta a la “información de las particularidades de la tierra y pueblos de esta jurisdicción”, en cumplimiento de la orden turnada por el virrey don Martín Enríquez.
En dicho informe se indica:
“Sopoco: Sopoco quiere decir en castellano ‘Gavilán’ (tzapuhqui o isapki), por otro nombre San Pedro, que es advocación. Sopoco, sujeto de Chilchota, está hasta a una legua de este pueblo de Chilchota. Está puesto en una loma. Beben de una fuente muy pequeña, tienen los propios tratos y gente y lengua que los demás, o sea, con casas de adobe las paredes y la cobertura de paja, pequeñas; viven dos a tres casados en una casa; duermen en el suelo en unas esteras que ellos usan de cañas. Tienen una iglesia y hospital; fundáronse como los demás”.
La tradición popular y una placa que existía incrustada en uno de los muros hacen pensar que el templo se construyó en 1662, al ser cambiados del lugar que ocupaban antes. Es posible que esta fecha corresponda a la reconstrucción hecha por el clero secular.
El inmueble estuvo dedicado inicialmente a San Pedro Apóstol, para posteriormente modificar su advocación al Señor de la Expiración. Fue remodelado en 1908; en 1910 ya se le denomina por su segundo nombre y en la cédula de identificación de bienes nacionalizados se describe lo siguiente: “26 m de longitud por 12 de latitud. Linda por el oriente con Juan Alonso y al sur con José Solares Moreno. Dos departamentos en buen estado bajo la custodia de representantes de la excomunidad”.
En 1931, durante el conflicto agrario, algunos vecinos solicitaron el templo para convertirlo en centro cultural; la comunidad se negó a cederlo para tal fin. El agente de Hacienda reporta las dificultades que tuvo para entrar: “Los vecinos creían que nuestro objeto era quemar los santos; cada vez que íbamos se amotinaban en actitud hostil, por lo cual no podía hacerme cargo de dicho templo; pero con las garantías que el presidente del lugar se sirvió prestarme, acompañándome él mismo con algunos armados, pasé a recogerlo, no encontrándose inventario”. Asimismo, agrega que no lo recomienda para centro cultural, ya que “no se encuentra suficientemente ventilado y es antihigiénico por haber sido todavía el año pasado campo santo” (febrero 28 de 1932). En esta fecha fue retirado del culto. Ese mismo año informa que el hospital ya no existía; al respecto dice: “No existe más que un templo en el cual se veneran dos santos: el Cristo de la Expiración y San Pedro”.
El 9 de mayo de 1934, por decreto presidencial, se destina “para el establecimiento del centro cultural dependiente de la escuela rural; si en 60 días no se utiliza en la forma indicada, sea devuelto a Hacienda”. Un mes después se le entrega en custodia a la presidencia municipal; en el acta lo describen: “Curato: al norte mide 24 m; al sur, compuesto por dos piezas; de oriente a poniente mide 29 m, lindando al norte y sur con el templo y al este y oeste con el mismo templo. Sacristía: mide de oriente a poniente 25 m, con las mismas medidas de norte a sur y colindando con el mismo templo; todas estas propiedades son de adobe y teja”.
El pueblo no estuvo de acuerdo en que el templo se usara como centro cultural dependiente de la escuela, reabriéndolo por la fuerza apoyados por el ejército que llegó al pueblo el 13 de noviembre de ese mismo año. El comisario ejidal protestó con un escrito: “Se presentaron en este pueblo fuerzas federales del 26 Regimiento con sede en Pátzcuaro, quienes llevaron consigo a un grupo de individuos connotados enemigos de las organizaciones (refiriéndose al grupo católico del pueblo), quienes acondicionaron el lugar para actos religiosos. A nosotros se nos conminó que, si intentábamos molestar a los vecinos en sus actos religiosos, ellos estaban dispuestos a impedirlo”. A partir de entonces se conservó abierto al culto. En 1946 se describe el inmueble de la manera siguiente:
“Se compone de nave, sacristía, dos piezas, cocina, patio, atrio y torre; su construcción es de adobe y sus techos de madera y teja; el piso del templo es de madera y el de los anexos de ladrillo”.
En 1964 se construían baños y lavaderos públicos en el atrio; la denuncia de los vecinos acusa que se habían “destrozado las bardas que circulaban el atrio”. El cura indicó en un escrito que “la demolieron en 1938, nada más quedaban ruinas” y que los baños y el agua potable los estaba haciendo el Gobierno del Estado y la Secretaría de Salubridad.
El conjunto actual consta de atrio, nave, sacristía y “casa cural”.
El atrio es amplio y despejado, no tiene barda que lo delimite y se encuentra ocupado en su parte central por una cancha de cemento que abraza dos casuarinas de las que penden dos campanas.
La fachada es plana y lisa; indica claramente haber sido modificada, ya que cuenta con algunos elementos dispersos que indudablemente datan del siglo XVI.
El acceso es un arco de medio punto cuyo trazo se ve defectuoso, ligeramente caído en su cuarto derecho; descansa sobre capiteles toscanos decorados con dentellones. Tanto las pilastras como el extradós del arco están decorados con flores circulares de clara ascendencia neoclásica, decorándose este último con una media caña que se corta a la altura de la clave, en la que vemos la tiara papal de San Pedro. La portada se enmarca por una doble pilastra de capitel dentado, con el fuste decorado por ladrillo aparente; el entablamento es de poca molduración, anástilo, de friso sin decorar, rematado por un frontón trunco ornamentado con dentículos, en cuyos vértices superiores se encuentran dos nichos de venera sobre peanas que tienen en su interior las imágenes de San Pedro y de la Inmaculada Concepción. A eje de acceso está la ventana del coro, de corte apuntado, hecha seguramente en los años cuarenta. A los lados de las pilastras de la portada se encuentran colocadas veneras en adobe, en línea con angelitos atlantes en la parte superior, claro indicio de la presencia de un alfiz ya destruido. El remate superior es un imafronte mixtilíneo, delimitado en su base por una cenefa de cantera y enmarcado en la parte alta con una cornisa moldurada en saledizo.
El paramento está aplanado y pintado de blanco, dejando entrever un tono azul bajo el encalado.
La puerta, en color añil, es de elegante diseño de cancelas lisas con tallas sobrepuestas, entre las que destaca la tiara y algunos elementos vegetales, como son palmas, círculos dobles que nos recuerdan los chalchihuites y ornamentos vegetales que parecen ser los símbolos prehispánicos del malinalli.
El interior de la nave es típico de los templos de la región, de planta rectangular, dividida en su parte media por dos pilastrones. El presbiterio se levanta dos escalones sobre el nivel del piso, este último de mosaico, sustituyendo al de madera que aún conservaba en 1946; en él se encuentra un altar de diseño neoclásico que alberga interesantes imágenes de tiempos de la Colonia. A su derecha, una amplia grieta atraviesa en sentido vertical el muro testero. Presidiendo el nicho central está la imagen del Señor de la Expiración y, en una de las calles laterales, San Pedro Apóstol y la Dolorosa. Recargadas en la pared se encuentran tres cruces con sus respectivos Cristos de caña. de acuerdo con nuestras observaciones, este sitio es uno de los pocos de la cañada que conserva sus imágenes, debido a que los vecinos enfrentaron valientemente el vandalismo de los agraristas y las “Misiones Culturales” del gobierno cardenista, que, intentando “educar” a las comunidades, prendieron fuego a las imágenes y destruyeron los altares para erradicar el culto católico, que consideraban nocivo para el pueblo; a la vista encontramos cinco de los siete Cristos que aparecen en el inventario de 1932.
El interior está decorado en rosa, con rodapié ocre y puertas azules. La techumbre es de madera y teja; por el interior observamos una tabla que dice: “el alcalde Pedro Andrés, regidor Juan Francisco, 1799 a 20 de febrero”. Está pintada sobre estuco y es el único vestigio que se conserva de una tablazón que debió estar totalmente estucada y decorada al igual que ese tramo.
Por el exterior tiene cubierta de triángulo; los muros están aplanados y recubiertos de pintura a la cal. El coro está apoyado sobre vigas y se conforma de una sencilla tablazón sin barandal que lo delimite.
La torre a que se refiere el informe de Hacienda fue exenta y ya no existe, así como las habitaciones que reseña el inspector de Bienes Nacionales: “Sacristía, dos piezas, cocina, patio, atrio y torre”, ya que fueron destinadas a un centro escolar; solo se conserva la casa del “prioste” o anexo para adoctrinamiento.
Dicho anexo, o “casa cural”, como ostentosamente lo llaman los vecinos, consiste en una habitación alargada con una sencilla puerta de madera entablerada y una ventana nueva de fierro estructural, abierta recientemente. Los muros son de adobe, enjarrados y encalados; la techumbre es de tijera, cubierta con fajillas y teja.
Los bienes artísticos de este templo son sumamente interesantes por pertenecer a la imaginería indígena. Vemos en andas de corte morisco a la Inmaculada Concepción y a San Pedro Apóstol, además de San Nicolás Obispo y las reseñadas anteriormente, lo que hace un acervo cultural de interés.
Orden religiosa (original)
Franciscana
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Michoacán, Chilchota, Zopoco
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
20 de Noviembre
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
N/A
Código Postal
59792
Otra localización
Zopoco
Planta arquitectónica (original)
Una Nave
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Uso inicial del inmueble
culto público
Tipo de uso del inmueble
Uso actual del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
1 octubre, 1996


















