Imagen principal
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Antecedentes históricos
El convento fue erigido por capítulo el 13 de abril de 1567. Atestigua el padre Ponce, que visitó el sitio en 1588, que el convento se hallaba acabado, con su claustro alto y bajo, dormitorios y celdas, el templo —que se hallaba entre los mejores—, capilla abierta con ramada y cementerio. Puerta principal al frente, una lateral al sur hacia el ex cementerio y otra que lo comunicaba directamente con el convento. Para darle luz, contaba con algunas preciosas ventanas con piedra labrada en forma de casetones.
La fachada principal conserva los restos de su portada de arco de medio punto, encuadrado por pilastras y entablamento de cantería labrada. El friso está bellamente ornamentado con festones, alternando con querubines; y de las esculturas en alto relieve de las enjutas del arco sólo queda una, representando a San Pablo, tan buena como la otra que existe en el museo.
Una de las pilastras conserva su pedestal, cuyo dado es análogo al que se encuentra también en el museo.
Los muros laterales y el del fondo se ven coronados por pretil almenado, dando al conjunto todo el aspecto de fortaleza.
Ex Convento. La mayor parte del viejo convento está en estado ruinoso. Es de mampostería, de dos pisos, y se compone el primero de un hermoso portal al frente del atrio, con macizas arcadas de medio punto rematadas por almenas; de un patio con cuatro corredores o claustros, con arcadas como las del portal, y, paralelamente a tres de estos corredores, otras tantas crujías con siete piezas y excusados al norte, y tres piezas, un pasillo y otro portal en escuadra al oriente del patio central y norte del templo.
La crujía del poniente la forma una amplia sala y una pieza cabecera a ella, ambas con salida al portal y destinadas, la primera, a capilla en sustitución del templo, y la segunda, con las dos pequeñas piezas del norte, a sacristía y bodegas. El portal y piezas citadas tienen techos de bóveda y pisos de hormigón, conservándose en bastante buen estado.
La crujía norte se compone de tres piezas abovedadas, húmedas y sin hojas de puertas y ventanas.
La del oriente la forman la escalera, casi en ruinas, para la planta alta; una pieza bastante amplia, contigua al templo, en la que existe otra escalera para el piso alto. Estas piezas están abovedadas y en las mismas condiciones que las ya citadas.
Los corredores o claustros tienen también techo de bóveda en cañón y piso de hormigón, pero muy deteriorados uno y otro.
Las demás piezas en esta planta se encuentran destechadas y cubiertas de escombros y de la vegetación que ha invadido estas ruinas.
Al norte y oriente se encuentran unos patios cercados y divididos por bardas de mampostería, casi inaccesibles por las tupidas malezas que las cubren.
El segundo piso se compone de cuatro corredores o claustros que corresponden a los del mismo bajo, techados con bóvedas en mal estado de conservación; cinco piezas y un largo pasillo en la parte norte, de las cuales sólo dos conservan sus techos de vigas de madera y el pasillo, que lo tiene de bóveda; al oriente, dos piezas destechadas y el hueco de la escalera; y al poniente, una pieza destechada más una chica con techo de vigas de madera que comunica con el coro del templo y una terraza que corresponde al portal de la planta baja.
A un lado de la puerta que conduce al coro y dentro del muro existe una escalera de caracol de piedra que llega al techo del convento, de donde parte otra, descubierta, de mampostería hasta la cubierta y campanario de la iglesia. Este campanario contiene dos arcos con las campanas que utilizan para el servicio del culto.
Ex Cementerio. Al sur del templo se encuentra una extensión de terreno conocida como antiguo cementerio, que primeramente formó parte del gran atrio. Está cercado en parte con barda de mampostería y en parte con albarrada de piedra suelta, y al fondo de él existen las ruinas de la primitiva capilla abierta y dos piezas anexas a ella.
Como está abandonado, la vegetación lo cubre por completo, encontrándose además gran cantidad de escombros provenientes del derrumbe de la bóveda del templo y demolición de su fachada.
Huerta. La huerta, aunque ya muy reducida respecto a su primera extensión, ocupa una superficie de 7 454,86 metros cuadrados. Está cerrada por la calle 16 y predio particular del norte, con barda de mampostería, y separada de los predios particulares del sur por albarradas de piedras sueltas.
Cerca del fondo del templo se encuentran restos del pozo que, con la noria (ya desaparecida), servía para su riego. Dicho pozo se pierde entre la gran cantidad de yerbas, malezas y árboles que han crecido debido al completo abandono en que ha estado desde hace mucho tiempo.
El templo y convento de Santa Clara en Dzidzantún, construido por los franciscanos a fines del siglo XVI, es del estilo único existente en la época de la dominación española en Yucatán. La austeridad y extraordinaria sencillez en su construcción, los muros lisos y robustos y el aspecto de fortaleza, características de este estilo, están perfectamente bien marcadas en este templo.
Marcada también está la influencia misma en sus primorosas ventanas laterales, y la del Renacimiento en su sencilla portada principal y la interior que comunica con la antigua sacristía.
Como la mayoría de las iglesias construidas en Yucatán en el siglo XVI, esta estaba techada con bóveda de cañón seguido, con lacerías ojivales en la parte que corresponde al ábside poligonal y tramo anterior a este; y, en vez de torres, coronaba su fachada la típica espadaña tan usada por los franciscanos.
Antes que la iglesia, al emprender los frailes sus trabajos de catequización, construyeron la capilla abierta con las piezas indispensables para el culto. Las ruinas que quedan de la que existió muestran la sencillez característica de ella. Siguió a la capilla abierta el convento, con la misma sencillez y austeridad, con la misma disposición y exacta estructura de los primeros que se hicieron en el siglo XVI, no faltando en este el pequeño claustro de macizos muros y arcadas y el necesario portal del racionero. Y, para completar el tipo único, la extensa huerta con la indispensable noria para su riego.
BIBLIOGRAFÍA
(1) "Historia de Yucatán", por el P. Fr. Bernardo de Lizana. Capítulo XVII, página 104.
(2) Relación breve y verdadera de algunas cosas de las muchas que sucedieron al Padre Fr. Alonso Ponce en las provincias de la Nueva España, siendo comisario general de aquellas tierras, escrita por dos religiosos sus compañeros. Edición del año de 1873, tomo II, página 380 y siguientes.
CONDICIONES MATERIALES. El templo, a consecuencia del derrumbe de su bóveda, se encuentra en estado ruinoso. El convento sólo encierra unas cuantas piezas útiles, estando lo demás en ruinas. La huerta está abandonada, lo mismo que el antiguo cementerio.
Con la supresión de las órdenes mendicantes, el convento fue abandonado, evento que dio inicio a su proceso de deterioro.
Por desplome del muro sur del templo, la bóveda se vino abajo.
A consecuencia del mal estado, alrededor de 1915 se trató de demoler el edificio, perdiendo el campanario en esta ocasión.
La siguiente información fue tomada textualmente del Catálogo de Construcciones Religiosas del estado de Yucatán, editado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Dirección General de Bienes Nacionales, formada por la Comisión de Inventarios de la Cuarta Zona, 1929-1933. Recopilado por Justino Fernández.
"SANTA CLARA"
HISTORIA. El convento de Dzidzantún, que tenía por titular de su iglesia a Santa Clara, fue erigido por capítulo celebrado en Mérida el 13 de abril del año de 1567. Pertenecía a las Doctrinas del Territorio de la Costa y tenía como visitas a los pueblos de Yobaín y Zilam. Su primer guardián fue el P. F. Diego Zazo.
El historiador Lizana dice:
"El año de 1553, en compañía del Santo Fr. Lorenzo de Bienvenida, vino a esta provincia de la de Castilla el padre Fr. Francisco Gadea, ya sacerdote, y aprendió la lengua muy bien y fue grande trabajador con los indios y edificó los conventos de Tezemin y Zizontun, donde hay la mejor iglesia de los indios." (1)
El padre Ponce, que visitó la península de Yucatán y este convento en 1588, dice al hablar de él:
"...El convento, cuya vocación es de Santa Clara, está acabado con su claustro alto y bajo, dormitorios y celdas, labrado todo de cal y canto y de bóveda, excepto las celdas que tienen el techo de madera con sus azoteas muy fuertes; tiene también una iglesia que, por ser de las buenas de la Nueva España, se hace mención de ella. Es el cuerpo de esta iglesia de un cañón de bóveda de ciento setenta pies de largo (48,05 m) y de cuarenta y dos de ancho (11,07 m); la capilla está labrada de cantería de lazos y tiene de largo, desde el arco toral hasta el testero del altar mayor, ochenta y dos pies (23,18 m); el ancho es el mismo que el de la iglesia, y así, a buena cuenta, hay desde el altar mayor hasta la huerta frontera de la iglesia más de doscientos cincuenta pies de hueco (70,67 m); el suelo del coro alto es también de bóveda, del mismo ancho y de treinta y nueve pies de largo (11,02 m). Sin esto, tienen los indios su ramada y capilla en un buen patio con cuatro capillas, como en Tikantó y en Itmal; hay una huerta que se riega con agua que se saca con una noria; moraban en aquel convento tres frailes..." (2)
Antes de construirse el convento y la iglesia, se hizo la pequeña capilla abierta con la ramada que servía a los indios en el buen patio o atrio citado por el padre Ponce. Esta capilla y dos piezas anexas a ella son las que, en ruinas, existen en lo que fue cementerio y antes parte del gran atrio.
El convento, abandonado por los frailes desde la supresión de las órdenes monásticas, fue destruyéndose hasta convertirse su mayor parte en ruinas.
El templo, a pesar del espesor del muro lateral del sur, que alcanza hasta tres metros, sufrió, por desplome de dicho muro, la caída de su cubierta de bóveda en cañón seguido hasta el arco de triunfo del presbiterio. Se ignora la fecha de este derrumbe, pero se supone que fue durante el siglo pasado.
A consecuencia de esto, quedaron el citado muro y el de la fachada principal con algunas cuarteaduras, lo cual, visto por el presidente municipal y creyendo que constituía un peligro para el público, solicitó y obtuvo del general Salvador Alvarado, entonces gobernador y comandante militar del estado, permiso para demoler por completo los muros que quedaban en pie.
Se comenzó a dinamitar la fachada, desapareciendo el campanario y parte del muro hasta la altura del coro, suspendiéndose tal destrozo sin evitar que algunas piedras de lo que quedó en pie fueran arrancadas de sus lugares.
En 1923, siendo gobernador don Felipe Carrillo Puerto y director del Museo de Yucatán don Luis Rosado Vega, este último recogió entre los escombros algunas piedras ornamentales y esculturas de la fachada que, con los restos de los retablos, fueron trasladadas al mencionado museo.
El arquitecto Federico E. Mariscal, en su ensayo de la Arquitectura Colonial en Yucatán, hace la descripción de estos fragmentos de la siguiente manera:
"Una lápida o fragmento de friso con influencias mayas en que alterna un mascarón o sol con una cartela."
"Un recuadro que correspondió al dado de un pedestal y que tiene en bajorrelieve una figura semejante a un sátiro."
"Una enjuta de arco con orla de ovos romanos y en alto relieve una escultura de San Pedro, de proporciones esbeltas, cabeza a la romana y magníficos paños; es sin duda lo mejor que puede encontrarse de escultura en piedra de la época de la dominación española en Yucatán."
Existen, además, en dicho museo dos piezas con motivos ornamentales de la fachada representando un ángel, dos retablos formados con fragmentos de los que tuvo el templo y algunas piezas sueltas de esos retablos que datan de los siglos XVII y XVIII.
Posteriormente a su construcción, hicieron una modificación al templo formando al fondo una pieza destinada a sacristía. Para esto, construyeron un muro divisorio en el presbiterio, que quedó reducido a la mitad de su tamaño primitivo. Adosado a este nuevo muro se encuentran restos del gran retablo que debe haber sido hecho entonces y que, a juzgar por lo que puede verse, data del siglo XVI.
Antes de haber sido acondicionada esta nueva pieza para sacristía, esta estaba en una de las del convento, ahora en ruinas. Al ser retirado del culto el templo por las condiciones en que se encuentra, se destinaron tres piezas útiles del ex convento para instalar en ellas la capilla para los oficios religiosos y sus correspondientes servicios.
El pretil que limitaba el atrio fue destruido entre 1915 y 1917, juntamente con los de la mayor parte de los templos de Yucatán; anteriormente a esto, en época que se ignora, ya había sufrido una mutilación, pues es muy posible que su primitivo límite haya sido el de la manzana donde se encuentra, la cual limita el predio por sus cuatro lados.
Esta suposición se basa en los restos de barda que aún existen en las partes que fueron segregadas de la huerta, que, por viejas noticias que se tienen de ella, ocupaba mucha mayor extensión que en la actualidad.
Fraccionados el atrio y la huerta por las autoridades municipales y vecinos de la población, estos edificaron sus casas en los lotes resultantes de este fraccionamiento, pero como no se sabe a punto fijo cómo adquirieron dichos lotes, están considerados como presuntas invasiones.
Entre las tradiciones yucatecas hay una que se relaciona con este predio y fue publicada por Guido de Lusignan en el "Diario Yucateco" de 25 de mayo de 1930, con el siguiente título: "de cómo se salvó de morir ahorcado un fraile", dice así:
"A doce kilómetros de la costa del Golfo de México, en el departamento de Temax, se asienta la pintoresca localidad denominada Dzidzantún, pueblo que debió ser de importancia en la época colonial, a juzgar por el número de sus caseríos, el grandioso templo parroquial y, sobre todo, el ex convento de frailes franciscanos, quizá uno de los más amplios, si no el mayor, de los que existieron en la península yucateca. Decimos existieron porque varios de estos edificios se han arruinado sin que nadie se ocupe en cuidar siquiera de su conservación.
"Actualmente, el templo del pueblo expresado está en ruinas; sus bóvedas se desplomaron de puro viejas, conservándose en pie todavía, desafiando los embates del tiempo, el vetusto ex convento.
"Debido a la injuria de quién sabe qué invertebrado, la mitad del frontis del templo ha sido destruido intencionalmente, coadyuvando el que tal hizo con la acción destructora de Cronos que todo lo aniquila.
"Allá por los años de 1650 de nuestra era, regía los destinos de la comunidad de franciscanos en aquel pueblo, como guardián, el padre fray José Gordo. Este reverendo fue dos veces gordo: por su apellido y por su contextura física. No se crea que hacemos un juego de palabras aprovechándonos del singular y extraño apelativo; precisamos esta circunstancia por lo que se dirá más adelante.
"Por estar Dzidzantún muy cerca del mar y del pequeño puerto de Santa Clara, fue visitado frecuentemente por filibusteros que robaban cuanto a su paso hallaban; naturalmente, el convento de franciscanos no se escapaba de los latrocinios de aquellos desalmados bandidos.
"Un día del año de 1652, los piratas Salvador Herrera y un tal Jácome efectuaron una de tantas irrupciones. Después de despojar a cuanto vecino encontraron, se dirigieron al convento. Fue apresado por sorpresa el guardián fray José Gordo, quien no tuvo tiempo de esconderse como sus compañeros y, sin pizca de respeto a su paternidad, en su presencia los forajidos profanaron el templo y las vestiduras sagradas; mas, como no encontraron el codiciado metal que ansiosos buscaban, acordaron ahorcar en el patio del propio convento al gordo prior, utilizando para ello la cuerda que servía a los mismos frailes para extraer agua del pozo y la rama de un secular árbol de aguacate que crecía frondoso en el patio, esmeradamente cuidado y con cuyos sabrosos frutos sazonaban sus paternidades el clásico puchero.
"Los piratas, al ver que el guardián no descubría el escondrijo de las onzas de oro tan codiciadas por ellos, lo colgaron.
"Los ciento veinte kilos bien logrados de su reverencia, por la abundancia de tejido adiposo de que estaba provisto, hicieron que la usada cuerda o soga del pozo reventara seguramente por la parte más delgada, como suele acaecer. Unos cuantos segundos en suspenso y el guardián cae desplomado, dando en tierra con su cuerpo cuán grande era, recibiendo las consiguientes contusiones. Los bandidos, viendo que en aquel lugar y en aquella ocasión no encontraban lo que la codicia les reclamaba, resolvieron abandonar el convento y el pueblo, embarcándose en sus naves surtas en el cercano puerto; mientras tanto, su reverencia fray José yacía en tierra, maltrecho, malherido y sin conocimiento.
"Al fin retornaron los frailes y vecinos principales del lugar, prófugos, sabedores de que los piratas habían evacuado la plaza; presto fueron todos al convento y, con mil solicitudes, atendieron al desventurado monje, quien, recobrado el sentido, relató pormenorizadamente sus cuitas y de cómo milagrosamente había salvado de morir en forma tan desusada para un santo varón. 'Gracias a que la soga del pozo estaba ya muy débil y al peso de esta gordura que Dios me ha dado y me conserva —dijo— a estas horas estaría dando cuenta de mis actos en este mundo al Ser Supremo. Sólo recuerdo, inmediatamente de mi suspensión —continuó—, haber visto a mis asesinos verdugos bailar una danza macabra; luego vi girar vertiginosamente el gran convento y la enorme mole de nuestra sagrada iglesia y sentir luego un golpe muy rudo en la región glútea primero y en todo el cuerpo después, y era que el cordel bendito había reventado con seguridad en la parte más gastada.'
"Todos los vecinos dieron en cuidar y atender al, para ellos, muy querido guardián; y es fama que su paternidad continuó rigiendo los destinos de su querido convento sin otro contratiempo, muriendo santamente en su cama; pero también se cuenta que, cuando se barruntaba que los piratas atacarían la población, lo primero que ordenaba su reverencia era que se escondiera la soga del pozo y cuanta cuerda hubiera en el convento y sus contornos. Prevención explicable por aquello de que 'gato escaldado, del agua huye'."
DESCRIPCIÓN. Se compone este predio de atrio, templo, ex convento, ex cementerio y huerta.
Atrio. Destruido el pretil que cerraba el atrio, este se encuentra ilimitado y como formando parte de la Plaza Principal. Cerca de la fachada del templo se encuentran los escombros de la parte demolida de dicha fachada.
Templo. El templo, que es uno de los más grandes de Yucatán, se encuentra en ruinas. Lo que de él queda es la mampostería, siendo su planta muy alargada y de una sola nave, con el presbiterio terminado en ábside poligonal.
Los muros, de considerable espesor, presentan grietas, especialmente en el del sur, en las que han arraigado algunas plantas ya convertidas en verdaderos árboles.
Está destechado desde el frente hasta el arco de triunfo del presbiterio, quedando sólo la cubierta de este, que es de bóveda con lacerías. El arco es de cantería labrada y se encuentra abierto en la clave.
En el costado norte del presbiterio existe una bonita puerta de marco y frontón de piedra labrada que comunicaba con la antigua sacristía, teniendo de por medio un pasillo. La pieza del fondo, formada con parte del presbiterio, sirvió de sacristía después y hasta que el templo fue retirado del culto.
Junto a la puerta principal está el coro sobre bóveda de cañón, en gran parte destruido, y debajo una hermosa pila bautismal de piedra labrada, pintada con colores rojo, verde y azul sobre fondo blanco.
Tiene el templo, además de la...
Orden religiosa (original)
Franciscana
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Yucatán, Dzidzantún, Dzidzantún
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
18
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
Dzidzantun
Código Postal
97500
Otra localización
Dzidzantún
Planta arquitectónica (original)
Una Nave
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Tipo de uso del inmueble
Responsable del levantamiento del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
1 enero, 1997










































