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Antecedentes históricos
El templo de Nurío formó una sola unidad con la capilla del hospital de la Inmaculada, que se ubica a sus espaldas. El conjunto original constaba de atrio, templo, torre, curato y el Iuritzio anexo, que contaba con su propio atrio y la Huatápera. En la actualidad, la torre ya no existe ni la Huatápera; el curato funge como escuela y el atrio ha pasado a convertirse en plaza pública.
El atrio, como muchos otros en la región tarasca, se ubica al centro del poblado y, junto con el templo, es el eje de distribución de una traza que empezó a definirse apenas en el siglo XIX, en una retícula de calles sin pavimentar que hace solo tres años era transitable. Al no existir plaza cívica, el atrio ha cedido su función religiosa para fungir como tal. La cruz atrial ocupa el punto central; desplanta sobre tres escalones decrecientes en los que se ubica un elemento cúbico con pilastras en las esquinas y un angelito en la parte central, bajo la cornisa moldurada, sobre la que desplanta un talud en pirámide trunca, sobre el que se ubica una cruz que fue rearmada con pedacería de cantera y cuyo único elemento original es el crucero y parte de los tres brazos superiores. Recientemente se pavimentó a su alrededor con adocreto y se construyó una "pérgola" o quiosco para actividades culturales en uno de sus extremos, seccionándose de este modo en dos grandes áreas mediante el andador central a que nos referimos.
El templo está colocado más alto que el nivel de la calle y se ingresa a él por un vestíbulo escalonado de huellas con fuerte pendiente, que le dan diseño piramidal y se angostan abarcando la portada.
La fachada es un elevado paramento liso que conserva restos de enlucido, mismo que fue respetado al rehacerse el nuevo aplanado de mezcla de cal con tierra roja que cubre el resto del muro. En la parte central, la portada de cantera muestra en el friso su fecha de construcción: "1639 AÑOS". Consta de un arco de medio punto que descansa sobre pilastras de capitel toscano y paños tablereados, igual que el extradós del arco, que se delimita por molduras de media caña que se cortan a la altura de la clave, que se ornamenta con una talla resaltada. Se flanquea por dos medias muestras desplantadas de basas cuadradas, con fuste también tablereado y capitel corintio, que soportan un entablamento con el texto de la dedicatoria y la fecha de construcción; sobre la cornisa se ubica la ventana del coro, de jambas molduradas y dintel escarzano, coronado por una moldura en saledizo. Un poco más arriba está una tarja ovalada. El remate del paramento es mixtilíneo y se decora con una gruesa cornisa en saledizo, en cuyos cortes horizontales ostenta almenas de perillón y una cruz en el remate.
La nave es de planta rectangular, con ábside plano; es una de las más grandes de la meseta y, quizá por lo incomunicado que estuvo el pueblo durante muchos años, conserva aún sus retablos barrocos. Los muros son de considerable grosor, hechos de grandes piedras volcánicas y mezcla de lodo; se refuerzan en las esquinas del ábside con grandes contrafuertes circulares. Solo dos vanos, a la altura del presbiterio, permiten alguna iluminación al altar, dándole un misticismo poco común al interior.
Los paramentos se recubren con mezcla a la cal de buena consistencia y se dejaron de color de la tierra misma, rescatándose una pintura mural de San Cristóbal que había sido mandada hacer por un donante, único elemento que los decoraba además de los retablos; por el exterior son aparentes, quedando visible la piedra volcánica junteada con lodo; en uno de los muros encontramos un nicho que está muy deteriorado por ubicarse frente al patio de la escuela anexa.
El piso es de madera y sube un escalón hacia el amplio presbiterio, en el que se ubican tres retablos, dos neoclásicos y uno plateresco.
Recargado en el ábside está el altar principal, de tres cuerpos separados por columnas de capitel corintio; las dos calles laterales están ocupadas por una sucesión de nichos sobresalientes, colocados sobre pilastras de ascendencia ultrabarroca. Con ellos vemos imágenes estofadas de interés, entre las que destaca Santa Catalina de Alejandría y un fraile. La calle central muestra un sagrario de ascendencia barroca y, sobre el fanal superior, el patrón Santiago Caballero con la espada en alto. Rematando el imafronte, bajo una tosca moldura de doble roleo que sigue la curvatura del tímpano, se encuentra un lienzo guadalupano y, en la cúspide, un resplandor dorado que rodea un círculo del que emerge la imagen del Padre Eterno.
El altar del lado derecho es de gran belleza; desplanta de una predela decorada con imágenes y escenas litúrgicas. Consta de una calle flanqueada por columnas pares de capitel corintio y fuste labrado en petatillo; entre las columnas destacan tres grandes flores que ornamentan las entrecalles. El entablamento es anástilo, profusamente moldurado, y sobre él surge un tímpano que simula un frontón trunco, en cuyo centro desplanta una peana sobre la que se colocó un lienzo de San Sebastián de excelente calidad, mientras en el único cuerpo vemos la Inmaculada Concepción con su vestido rosa, simbolizando la inocencia, con una bella cabellera cayendo sobre sus hombros; ambos lienzos denotan una mano de maestro calificado, aunque lamentablemente carecen de firma.
El altar que se encuentra a la izquierda del presbiterio es también neoclásico, con dos columnas corintias en los extremos y un fanal con dos peanas formando tres calles; en él parecen haberse reutilizado algunas columnillas de características ultrabarrocas. Alberga en su parte inferior la urna del Santo Entierro. Está dedicado al Calvario y sus imágenes son en su mayoría de pasta de caña; ocupando el tímpano del imafronte, en un nicho, se encuentra el Señor de la Ascensión, pieza única en la región.
Vemos también el altar de la Dormición Mariana, cuya parte central encontramos como frente de un confesionario y recolocamos en su sitio; su predela está constituida por una cripta que alberga la Dormición Mariana. En el nicho central está San Antonio y frailes franciscanos; se flanquea por columnas pareadas de diseño salomónico que soportan un entablamento profusamente decorado, sobre el cual desplanta un tímpano semicircular, rodeado de orlas y decorado en tono azul con orlas y roleos dorados; al centro está Jesús de pie sobre la rosa mariana. El último altar que se encuentra en el cuerpo de la nave está dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe; está formado por tres calles separadas por barrocas columnas de fuste salomónico. La calle central está ocupada por un gran lienzo guadalupano y las laterales con cuatro pinturas más pequeñas con las apariciones de la Virgen. Sobre el entablamento destaca el tímpano orleado por molduras en grecas, con un lienzo de San José en su sección media, flanqueado por dos ánforas de las que emergen guirnaldas; cuando conocimos este altar, su basamento de mampostería estaba recubierto con tablones decorados provenientes del antiguo artesón del techo.
Bajo el coro se ubica un bautisterio francamente excepciona se arrincona en una de las esquinas de la nave se ingresa a él por un escalón de cantera; está compuesto de una predela inferior en donde está representados los apóstoles con el símbolo de su martirio, el cuerpo superior está formado por una serie alternada de columnillas ahusadas, una más gruesas El templo de Nurío formó una sola unidad con la capilla del hospital de la Inmaculada, que se ubica a sus espaldas. El conjunto original constaba de atrio, templo, torre, curato y el Iuritzio anexo, que contaba con su propio atrio y la Huatápera. En la actualidad, la torre ya no existe ni la Huatápera; el curato funge como escuela y el atrio ha pasado a convertirse en plaza pública.
El atrio, como muchos otros en la región tarasca, se ubica al centro del poblado y, junto con el templo, es el eje de distribución de una traza que empezó a definirse apenas en el siglo XIX, en una retícula de calles sin pavimentar que hace solo tres años era transitable. Al no existir plaza cívica, el atrio ha cedido su función religiosa para fungir como tal. La cruz atrial ocupa el punto central; desplanta sobre tres escalones decrecientes en los que se ubica un elemento cúbico con pilastras en las esquinas y un angelito en la parte central, bajo la cornisa moldurada, sobre la que desplanta un talud en pirámide trunca, sobre el que se ubica una cruz que fue rearmada con pedacería de cantera y cuyo único elemento original es el crucero y parte de los tres brazos superiores. Recientemente se pavimentó a su alrededor con adocreto y se construyó una "pérgola" o quiosco para actividades culturales en uno de sus extremos, seccionándose de este modo en dos grandes áreas mediante el andador central a que nos referimos.
El templo está colocado más alto que el nivel de la calle y se ingresa a él por un vestíbulo escalonado de huellas con fuerte pendiente, que le dan diseño piramidal y se angostan abarcando la portada.
La fachada es un elevado paramento liso que conserva restos de enlucido, mismo que fue respetado al rehacerse el nuevo aplanado de mezcla de cal con tierra roja que cubre el resto del muro. En la parte central, la portada de cantera muestra en el friso su fecha de construcción: "1639 AÑOS". Consta de un arco de medio punto que descansa sobre pilastras de capitel toscano y paños tablereados, igual que el extradós del arco, que se delimita por molduras de media caña que se cortan a la altura de la clave, que se ornamenta con una talla resaltada. Se flanquea por dos medias muestras desplantadas de basas cuadradas, con fuste también tablereado y capitel corintio, que soportan un entablamento con el texto de la dedicatoria y la fecha de construcción; sobre la cornisa se ubica la ventana del coro, de jambas molduradas y dintel escarzano, coronado por una moldura en saledizo. Un poco más arriba está una tarja ovalada. El remate del paramento es mixtilíneo y se decora con una gruesa cornisa en saledizo, en cuyos cortes horizontales ostenta almenas de perillón y una cruz en el remate.
La nave es de planta rectangular, con ábside plano; es una de las más grandes de la meseta y, quizá por lo incomunicado que estuvo el pueblo durante muchos años, conserva aún sus retablos barrocos. Los muros son de considerable grosor, hechos de grandes piedras volcánicas y mezcla de lodo; se refuerzan en las esquinas del ábside con grandes contrafuertes circulares. Solo dos vanos, a la altura del presbiterio, permiten alguna iluminación al altar, dándole un misticismo poco común al interior.
Los paramentos se recubren con mezcla a la cal de buena consistencia y se dejaron de color de la tierra misma, rescatándose una pintura mural de San Cristóbal que había sido mandada hacer por un donante, único elemento que los decoraba además de los retablos; por el exterior son aparentes, quedando visible la piedra volcánica junteada con lodo; en uno de los muros encontramos un nicho que está muy deteriorado por ubicarse frente al patio de la escuela anexa.
El piso es de madera y sube un escalón hacia el amplio presbiterio, en el que se ubican tres retablos, dos neoclásicos y uno plateresco.
Recargado en el ábside está el altar principal, de tres cuerpos separados por columnas de capitel corintio; las dos calles laterales están ocupadas por una sucesión de nichos sobresalientes, colocados sobre pilastras de ascendencia ultrabarroca. Con ellos vemos imágenes estofadas de interés, entre las que destaca Santa Catalina de Alejandría y un fraile. La calle central muestra un sagrario de ascendencia barroca y, sobre el fanal superior, el patrón Santiago Caballero con la espada en alto. Rematando el imafronte, bajo una tosca moldura de doble roleo que sigue la curvatura del tímpano, se encuentra un lienzo guadalupano y, en la cúspide, un resplandor dorado que rodea un círculo del que emerge la imagen del Padre Eterno.
El altar del lado derecho es de gran belleza; desplanta de una predela decorada con imágenes y escenas litúrgicas. Consta de una calle flanqueada por columnas pares de capitel corintio y fuste labrado en petatillo; entre las columnas destacan tres grandes flores que ornamentan las entrecalles. El entablamento es anástilo, profusamente moldurado, y sobre él surge un tímpano que simula un frontón trunco, en cuyo centro desplanta una peana sobre la que se colocó un lienzo de San Sebastián de excelente calidad, mientras en el único cuerpo vemos la Inmaculada Concepción con su vestido rosa, simbolizando la inocencia, con una bella cabellera cayendo sobre sus hombros; ambos lienzos denotan una mano de maestro calificado, aunque lamentablemente carecen de firma.
El altar que se encuentra a la izquierda del presbiterio es también neoclásico, con dos columnas corintias en los extremos y un fanal con dos peanas formando tres calles; en él parecen haberse reutilizado algunas columnillas de características ultrabarrocas. Alberga en su parte inferior la urna del Santo Entierro. Está dedicado al Calvario y sus imágenes son en su mayoría de pasta de caña; ocupando el tímpano del imafronte, en un nicho, se encuentra el Señor de la Ascensión, pieza única en la región.
Vemos también el altar de la Dormición Mariana, cuya parte central encontramos como frente de un confesionario y recolocamos en su sitio; su predela está constituida por una cripta que alberga la Dormición Mariana. En el nicho central está San Antonio y frailes franciscanos; se flanquea por columnas pareadas de diseño salomónico que soportan un entablamento profusamente decorado, sobre el cual desplanta un tímpano semicircular, rodeado de orlas y decorado en tono azul con orlas y roleos dorados; al centro está Jesús de pie sobre la rosa mariana. El último altar que se encuentra en el cuerpo de la nave está dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe; está formado por tres calles separadas por barrocas columnas de fuste salomónico. La calle central está ocupada por un gran lienzo guadalupano y las laterales con cuatro pinturas más pequeñas con las apariciones de la Virgen. Sobre el entablamento destaca el tímpano orleado por molduras en grecas, con un lienzo de San José en su sección media, flanqueado por dos ánforas de las que emergen guirnaldas; cuando conocimos este altar, su basamento de mampostería estaba recubierto con tablones decorados provenientes del antiguo artesón del techo.
Bajo el coro se ubica un bautisterio francamente excepcional; se arrincona en una de las esquinas de la nave, se ingresa a él por un escalón. Podríamos comparar lo dicho por el cronista anónimo y el conjunto actual, dándonos cuenta de las notables diferencias que se han producido. Primeramente, el atrio se encuentra convertido en plaza cívica, conservando aún la cruz en lo que fue su centro. Una breve escalinata conduce al templo, formado este último por nave y sacristía; de la torre no queda rastro, aunque algunos ancianos de la comunidad afirman haberla conocido, por lo que se deduce que desapareció a mediados del actual siglo. Aún hay dispersas piedras que la conformaban. La C. Arq. Gloria Álvarez localizó recientemente una pieza que, con toda seguridad, representa un águila bicéfala (misma que se mandó guardar en la sacristía), que debió decorar esta torre a la que hacemos referencia. Las casas reales, que constituyeron la casa del pueblo, fueron demolidas y en su lugar se empieza a edificar una construcción de tabique y concreto armado que rompe con la imagen urbana por lo ajeno a los materiales del lugar. A espaldas del templo se ubica la pequeña capilla del hospital, siendo su advocación la Inmaculada Concepción, pieza única por la belleza y originalidad del decorado interior; se conserva aún la troje que constituía la casa cural, ocupada por los vigilantes del templo; el terreno que fue la huerta está invadido por una escuela y propiedades privadas. El cielo interior representa al Padre Eterno en medio de angelitos y querubines que flotan en un cielo florido.
El coro es uno de los más importantes de la meseta, diseñado con los extremos curvos en arco rebajado; se apoya sobre una solera, sobre canes de la que surgen cerchas que soportan tablones decorados con tarjas ovales en las que están representados ángeles músicos, San Miguel Arcángel y Santa Cecilia, en una iconografía y técnica a base de temple a la clara sobre base de estuco; se quiebra en escuadra, apoyándose en columnas circulares doradas y policromadas; se ingresa a él a través de una escalera de madera de doble alfarda, delimitándose ambos por un barandal torneado.
La cubierta es un artesón de media batea avenerada, de tablas sin decorar, pintadas de blanco sobre cerchas, apoyado sobre doble hilera de canes profusamente decorados y labrados. Los tirantes se tienden por pares, unidos con nudos en tramos intermedios, fijados con clavos en cuña de madera. La techumbre superior se abre en dos; se carga en tijeras que cargan el caballete o hilera con nudillo, sobre el cual se apoyan otros pares que soportan la cubierta de láminas de asbesto.
La sacristía se ubica del lado izquierdo del presbiterio; consiste en una reducida habitación cuadrada con muros de piedra y lodo, con cubierta de vigas protegida por láminas de asbesto y tejamanil, que se prolonga al frente, soportándose en pies derechos de madera apoyados en un vestíbulo escalonado de concreto.
Orden religiosa (original)
clero secular
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Michoacán, Paracho, Nurio
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Plaza Principal
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
Centro del Poblado
Código Postal
60250
Otra localización
Nurio
Planta arquitectónica (original)
Una Nave
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Uso inicial del inmueble
culto público
Tipo de uso del inmueble
Uso actual del inmueble
Responsable del levantamiento del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
1 noviembre, 1997





































































