Pocas imágenes son tan difíciles de tratar, tanto para el historiador como para el historiador de arte, como las consideradas milagrosas. Este es el caso del Señor de la Piedad, imagen que se encuentra en un camarín y que tampoco se pudo fotografiar, por lo cual esta cédula se acompaña con una postal comprada en la puerta de la iglesia.
Según la tradición, el 24 de diciembre de 1687, en el sitio y estancia de La Huerta, cercano al pueblo de Yurécuaro, unos mulatos llamados Juan de Aparicio y Juan de la Cruz salieron al campo a traer leña para su casa que era la de Blas Martín Uriarte y su mujer Catalina de Segura y hallaron un madero seco de Tepame, que reunieron con otros maderos para hacer una fogata de Nochebuena. Como el fuego consumió todos los maderos menos éste, Aparicio intento rajarlo con un hacha y al primer golpe descubrió el crucifijo.
La imagen es pequeña y dicen que muy liviana, por lo que se puede suponer que sea de pasta de caña.