La escultura nos muestra a un San Sebastián martirizado por una serie de flechas clavadas en diferentes partes del cuerpo, mientras que éste permanece amarrado de sus brazos a un tronco de árbol. En esta figura el autor intentó ponerle un toque de realismo al tallar el rostro del santo con muecas de dolor, resaltar las costillas y elaborar las flechas con hierro.