En esta escena se representan dos momentos relacionados: el de atrás, en el que se narra el fracaso en la ofrenda de los sacerdotes de Baal y en el de adelante, el momento en que Elías, después de reparar el altar, imploró a Dios y bajó fuego del cielo, y el pueblo se convenció diciendo: el Señor es Dios.