En este caso se da la narración simultánea de dos momentos: en uno de ellos, el de atrás, se ve al pueblo judío adorando al becerro de oro, haciendo sacrificios idolátricos, en el de adelante, Moisés bajando del monte Sinaí con las tablas de la ley en la mano: los doce mandamientos que debían regir la conducta del pueblo elegido