Imagen principal
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Antecedentes históricos
Aunque la capilla que actualmente forma parte de la ex Hacienda de Villachuato surge en la historia de Michoacán desde el siglo XVI, en que este sitio formó parte de las encomiendas del Bajío, el edificio que hoy vemos tiene clara ascendencia neoclásica. Históricamente, desde el siglo XVII contaba con área destinada al culto. El Obispado de Michoacán nos dice: “…La estancia del Valle de Villachuato del alférez don Joseph de Figueroa hierra (mil) dos mil ochocientos becerros y becerras (setenta) cincuenta mulas, coge algún maíz. Tiene capilla. Tiene más una hacienda de 20 mil ovejas y hierra cincuenta potros y potrancas…”. La estancia era una de las más importantes de las comprendidas en el Cacalote, que, junto con las del Valle de Ururuta y otras más, conforman el rico Bajío michoacano.
La monografía de Puruándiro indica que Villachuato “…fue la hacienda de mayor productividad, la que el alférez José de Figueroa acrecentó al comprar a la viuda María Núñez la estancia del Maluco, además del maíz que sembraban en el rancho de Surumuato…”. Durante toda la Colonia, “…Villachuato se llevaba la medalla de oro: de 12 mil a 15 mil reses; 60 mil borregos y 500 caballos y mulas…”. Durante el Segundo Imperio era tal su excedente que “…el señor de Fagoaga y Villaurrutia, hijo del marqués del Apartado, heredero de la hacienda de Villachuato, que abarcó las de Zurumuato, el Maluco, San Martín y San Antonio…”, hizo un donativo para una beneficencia que llevó su nombre.
Su importancia era tal que, al tenderse la línea de ferrocarril para unir a Pénjamo con Ajuno, en vez de pasar por la cabecera Puruándiro, se estableció a un lado de la hacienda. Durante el Porfiriato era su propietario don José Jiménez, que la mantenía en pleno auge; al morir, la heredó a sus yernos, don Joaquín García y Carlos Markazuza. En ella nació don Aristeo Mercado, que llegaría a ser gobernador en 1892.
En 1915, la ley agraria desató la total destrucción de las haciendas como centros productivos de un solo dueño, considerados como latifundios. Los propietarios de Villachuato repartieron tierras a los llamados peticionarios, también denominados fraccioneros, bajo el liderazgo de Jesús Suárez.
El proceso agrario no se detuvo a pesar de las nuevas tendencias anticlericales. Sabemos, por un informe presentado por el subjefe de Hacienda fechado en 1936, que continuaba abierta al culto público. En su escrito, hecho para responder a la petición de los ejidatarios del pueblo de Villachuato (creado a raíz de la repartición de tierras por el presidente Cárdenas sobre terrenos de la finca) referente a la cesión de la capilla para restablecer una escuela, dice: “…La citada capilla se encuentra instalada desde hace 30 a 35 años, desde que se hizo el casco de la hacienda. Se abre al culto los domingos y, entre semana, dos o tres veces, una o dos horas al día. El local donde se encuentra instalada, desde su erección, fue hecho para uso de la citada capilla; cuenta con dos cruceros y dos piezas anexas que sirven de bautisterio y sacristía. Oficia sacerdote cinco veces al año y se encontraba en poder de algunas vecinas del lugar… Los vecinos… no están conformes con que se instale en el local de la capilla la escuela… Si se cede el local [creo que] habría dificultades entre los habitantes del pueblo…”.
En 1980, el patio principal de la hacienda presentaba un grado considerable de abandono; hoy lo vemos seccionado por muros nuevos que lo fraccionan en predios laterales sobre una traza urbana reticular. Bancas de granito, piso de adocreto y postes con dragones conforman la plaza cívica actual.
Al fondo se extiende el extenso paramento del casco de la hacienda, con el acceso cerrado a los intrusos. Su casco, de 85 metros de frente, con su arcada corrida en el primer nivel, soportada por 16 columnas de diseño toscano de características neoclásicas, portica un extenso corredor con arcos de medio punto de extradós moldurado y clave resaltada, cuyas pilastras toscanas se prolongan hasta el entablamento. Este último, con friso de triglifos y metopas, separa al segundo cuerpo mediante una cornisa moldurada en saledizo; las esquinas se refuerzan con pilastrones esquineros de junta acanalada.
El nivel superior se divide en tres secciones: la del centro, compuesta por una logia de vanos rebajados, flanqueada por macizos horadados por seis ventanas alargadas cada uno, colocados a eje del arco inferior; tienen jambas y dintel moldurados, con friso decorado con guirnaldas, sobre el cual se encuentra un frontón trunco con adorno ecléctico al centro.
El cornisamiento superior es un entablamento moldurado anástilo, protegido por tejas. La carpintería es neoclásica y la herrería también, de fierro fundido; los entrepisos son de viguería y terrado.
El paramento está revestido por cantera rosa; al occidente se ubica una gran troje de cal y canto con cubierta a dos aguas, de las que solo se conserva la estructura, ya que la teja ha sido usada por los vecinos para hacer sus viviendas.
Aunque el acceso a la capilla no está permitido, la descripción de Bienes Nacionales intervenidos en 1936 la describe: “…Consta de un local en forma de cruz y dos piezas anexas que sirven de bautisterio y sacristía. Se encontraron objetos útiles, muebles, etc., de carácter religioso…”, por lo que se hizo el inventario necesario para que la Secretaría de Hacienda tomara posesión de ella.
Al frente de la casa grande se ubica una nueva iglesia, ya que en 1975 se le concedió la jerarquía de parroquia, segregándola de Janamuato y procediéndose entonces a construir la nueva sede parroquial, actualmente concluida.
La década de los noventa no fue más amable para la ex hacienda, ya que en 1992 los ejidatarios la solicitan, alegando que no estuvo contemplada en la repartición del ejido y piden se les entregue también la capilla, que estuvo cerrada desde 1947 “…para utilizarla como granero ejidal…”, ya que ese mismo año se trasladaron los bienes inventariados a la nueva capilla.
Desconocemos la respuesta de Bienes Nacionales respecto a su destino, pero, por su actual estado de abandono, debió ser una respuesta negativa y, al desaparecer el comité agrario, quedó como tierra de nadie en posesión de posibles herederos del casco, que, por evitar conflictos con los pobladores, han tenido a bien dejarlo en el olvido, permitiendo que los usuarios eventuales del gobierno local la dejen caer en completo abandono.
Los bienes inventariados fueron supuestamente trasladados a la nueva iglesia, en la que solo observamos imágenes y objetos de escaso valor artístico o histórico.
Orden religiosa (original)
clero secular
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Michoacán, Puruándiro, Villachuato
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Plaza Pública
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
N/A
Código Postal
N/A
Otra localización
Villachuato
Planta arquitectónica (original)
Cruz Latina
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Fecha del levantamiento del inmueble
1 octubre, 1996


















