Imagen principal
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Antecedentes históricos
El bachiller don Juan Antonio de Bargas, cura por Su Majestad, lo nombra como uno de los nueve pueblos que conformaban la cabecera de San Pedro Paracho e informa: “…Cocucho tiene dentro de su recinto hombres y mujeres de confesión y comunión, indios 87…”.
El bachiller José Cardoso y Luna, en la descripción de la cabecera de Paracho y sus pueblos, en su respuesta a la Carta Cordillera enviada por el rey en 1765, dice: “…San Bartolomé Cucucho, que es el más retirado de este partido, dista [de Paracho] de cuatro leguas…”. La fundación obedece a los franciscanos que se desplazaron desde ese sitio para evangelizar y agrupar a los indios en este pueblo. Como la mayoría de las comunidades congregadas en la sierra, carece de plaza cívica; lo que fue el antiguo atrio funge ahora como tal, quedando aislada y solitaria la cruz atrial en medio de un espacio vacío recubierto de cemento y sin vegetación alguna. Lo rodean calles recién pavimentadas que precisamente lo utilizan como distribuidor vial, ya que de ahí surgen los caminos hacia Charapan, Ocumicho y Nurío.
La basa de la cruz es rectangular, se apoya en dos escalones cortos; el material utilizado es piedra volcánica negra, conserva aún restos de aplanado de lodo y, sobre la cornisa de remate, surgen cuatro almenas piramidales y la cruz de piedra de malpaís, junteada con cemento sobre una peana semiesférica. En el espacio que también pertenecía al atrio y que hoy es una reducida banqueta, se desplaza un basamento de piedra escalonado que vestibula la iglesia y que, al elevarla, le concede jerarquía sobre el espacio exterior.
En el lado norte de la nave se encuentran dos troncos que soportan una cubierta a dos aguas a base de lámina de asbesto, que funge como campanario, de la que penden dos campanas: una de origen colonial y la otra neoclásica, con la fecha 1886. La nave carece de torre, como sucede con la mayoría de las iglesias de la sierra, que carecieron de ella desde su fundación.
La fachada es plana, compuesta por muros de piedra en sillares irregulares de cantera más clara que las piedras de malpaís del resto de la nave; están junteados con lodo y despojados de aplanados o enjarres. Al centro se encuentra la portada de piedra de cantera rosa que, pese a las múltiples alteraciones, aún nos muestra el recuadro del alfiz delimitado con una moldura de mediacaña, rodeando el arco de medio punto de grandes dovelas que enmarca el acceso principal. Sobre la clave vemos tallada una cruz, coronada con un plato de Talavera y flanqueada por otros dos sobre los riñones del arco; dos tallas floridas son el único ornamento que le resta.
Las amplias jambas monolíticas, con basa y capitel decorados con pomas isabelinas, nos hablan de una primitiva talla de tiempos de la evangelización y nos hacen pensar que debió tener un alfiz de la calidad de los pocos que aún se conservan en esa región. Sobre el mismo vemos la ventana ajimez, con su doble vano de medio punto y sus tallas perimetrales, separados por una columnilla central y, encima de la cual, desplanta un imafronte claramente remarcado por estar construido con otro material, a base de piedra volcánica, que presenta un óculo en su parte media y se delimita por una cornisa labrada de cantera con diseño mixtilíneo que remata en la cúspide con una cruz del mismo material. La puerta es entablerada, seguramente hecha en el siglo pasado, conserva tallas muy desgastadas.
La nave es de un solo cuerpo, de planta rasa rectangular con ábside plano; se delimita con gruesos muros de piedra de malpaís junteada con lodo. En los largueros se abrieron cinco vanos rectangulares de cada lado, delimitándose con tabique y dintel plano de madera; están aparentes por el exterior y enjarrados con pintura a la cal por el interior. El piso es de mosaico y sube hacia el presbiterio, en donde se encuentra un altar neoclásico con imafronte semicircular que remata con un resplandor dorado que se apoya sobre un nicho que alberga la imagen de San Bartolo, bajo el cual vemos una magnífica pintura con una representación mariana que nos recuerda a los excelentes lienzos de Santiago Nurío.
El coro se ubica al pie de la nave, sobre el acceso; se llega a él a través de una escalera de madera de doble alfarda que se tiene al frente. El diseño corresponde a una pirámide trunca de faldones muy tendidos, apoyados sobre canes que soportan una solera y pares que se unen a vigas largueras, que con el tablado superior crean un techo de holladeros. Está delimitado por un barandal torneado que se abre para dar paso a la escalera. En la parte inferior, el techo del sotocoro es magnífico, decorado con tierras al temple sobre blanco de España, representando un coro de ángeles con sus instrumentos musicales que rodean un recuadro central en el que está representada una santiaguera verdaderamente excepcional, que indudablemente se relaciona con la representación en tablones que encontramos en una de las salas del Museo Frank Mayer; lo único que las hace diferentes es la vestimenta de los personajes y la talla menos popular de la proporción anatómica.
Los tablones que conforman el artesón representan a Santiago Matamoros en su caballo blanco, pisando los cuerpos de los infieles, cuyos miembros se desperdigan cortados como si fueran representantes de un códice. Dos españoles con chaquetones virreinales disparan arcabuces de chispa, cuyas balas surgen hacia los vencidos; otros más oran a la Virgen, que de rodillas intercede por ellos ante la Trinidad, mientras en el extremo derecho un castillo arde en llamas. En este último se ven las grupas de los caballos entrando y, en las ventanas, otros personajes, en alusión seguramente a la batalla de Calatrava.
Por la vestimenta de los personajes y las armas, nos inclinamos a creer que esta representación es de origen virreinal. Las grecas que rodean los recuadros nos remiten a Nurío, aunque San Bartolomé es de traza y técnica más popular, pero la relación pictórica entre ambos sitios es innegable.
La cubierta es un extenso artesón de doble venera, cortado en gajos irregulares no convergentes, apoyados sobre solera cargada por canes y cuerpo de medio cañón formado por tramos y soportados por cechas; está pintado en azul, sin decoración alguna.
El curato se ubica al lado norte de la iglesia; actualmente se encuentra aislado de la calle mediante un muro de mampostería junteado en blanco. La construcción es de piedra y adobe, con cubierta a dos aguas hecha en armadura de madera protegida con lámina de asbesto; la sacristía tiene su entrada a la altura del presbiterio y consiste en un troje de madera con cubierta también de lámina, en sustitución del tejamanil que originalmente le techaba. Ambas crujías flanquean un espacio de tierra con algunas plantas de ornato.
Orden religiosa (original)
Franciscana
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Michoacán, Charapan, Cocucho
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Plaza Principal
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
N/A
Código Postal
60240
Otra localización
Cocucho
Planta arquitectónica (original)
Una Nave
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Uso inicial del inmueble
culto público
Tipo de uso del inmueble
Uso actual del inmueble
Responsable del levantamiento del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
1 noviembre, 1997






















