Imagen principal
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Antecedentes históricos
El pueblo de Quinceo, conocido antiguamente como Quintzio, se encuentra en la parte más remota de la región serrana conocida como meseta tarasca. Una de las maneras más fáciles de llegar es a través de la brecha que parte desde Capácuaro, aunque recientemente se puede comunicar por Sevina y Comachuén. La descripción de la Inspección Ocular nos dice: "... Lo habitan en casas pobres de madera [trojes] y algunas de piedra y lodo dispuestas sin orden y con solo algunos manzanos, perales, duraznos y capulines..." Su población siempre ha sido muy reducida y, desde que tenemos noticia, ha estado siempre habitada por vecinos indígenas de origen tarasco. En 1754: "...contaba 74 feligreses, todos indios..." En la relación del curato de Capácuaro, realizado por el "Bachiller don José Francisco Xavier Liera, cura beneficiado por su majestad de este partido", nos dice que el pueblo de "Santa María Quintzio, distante de esta cabecera legua y media, (tiene) sesenta indios de confesión..."
Durante el siglo XVIII se nos informa que el pindecuario de indios es de cincuenta pesos, o sea que esa era la fuente de subsidio de los indios para sus religiosos y consistía en la lista menuda de víveres que eran proveídos por las repúblicas de indios; la aportación de esta cuota para el mantenimiento de la iglesia llegó a ser importante. El inventario del siglo XVIII nos describe bienes de calidad para una comunidad tan corta y de tan pocos recursos; contaba entre ellos con cálices y cruces de plata. No obstante, a fines del siglo, en 1789, la Inspección dice que ya la capilla del hospital no existía: "...no hay casas reales y las curales son poco habitables.
No tiene escuela por lo corto del vecindario y sus bienes comunes constan de contribución del real y medio y 30 pesos anuales de los pastos arrendados. No tiene cofradía y paga al cura de Capácuaro entre el común y prioste y mayordomo de obvenciones ciento cinco pesos dos reales anuales, dos un cuarto fanegas de maíz, dos reales de un bautismo, dos pesos de un entierro y cuatro pesos seis reales de un casamiento. Total de obvenciones que, considerando su corto número y pobreza de arbitrios, resulta intolerable..." Al describir el templo dice lo siguiente: "...la iglesia es una nave cubierta de tejamanil, de paredes de piedra y lodo, coro alto con órgano en uso, mal entablado inferior, sin sacristía, sin bautisterio y sin torre, con tres altares formales y otros tantos feos retablos de fea talla dorada, mala, sucia, y además dos tarimas asquerosas..."
El edificio que hoy vemos se encuentra en regulares condiciones, gracias a las obras que los vecinos han financiado a sus costas, aunque los trabajos no son los ideales, han permitido que el edificio llegue en pie hasta nuestros días.
El actual conjunto se ubica en la parte más alta, presidiendo el pueblo que se extiende en una traza escasamente regular de nueva creación. El hospital se ubicó al norte del templo y su sitio está ocupado por particulares; el atrio se utiliza parte como calle y el resto está ocupado por una escuela. Una basa cuadrada coronada, donde estuvo la cruz atrial, indica lo que fue el centro del mismo; los vecinos hicieron un nuevo basamento con otra cruz más cercana al acceso. Lo que fue el huerto también se encuentra invadido por particulares que, a través del tiempo, se han ido adueñando de la propiedad federal, como puede verse en las nuevas construcciones que se adosan al paramento.
La fachada es de dos cuerpos, cortados por una trabe de concreto armado; el inferior es de piedra al canto y mezcla de lodo, conserva una monumental portada sumamente sencilla que denota su indudable creación franciscana. Consiste en un acceso delimitado por un arco de medio punto con un cordón franciscano en el intradós y el listel corrido en el extradós, enmarcando grandes veneras y angelitos flanqueando la clave, en donde se ubica el Padre Eterno con la diestra bendiciendo y el mundo en la otra mano. Nunca hemos logrado verla sin los ornamentos que constantemente le sobreponen y que le dan una belleza inusitada, encantándonos con sus variados diseños. El arco se apoya en impostas foliadas sobre friso decorado con flores y amplias jambas sobre basas molduradas; la puerta es de tablero de distintas tallas que representan temas litúrgicos. Al frente se vestibula con una rampa empedrada con triple escalonamiento; dos columnillas platerescas cierran el alfiz que encuadra la portada de cantera tallada al canto y escuadría de corte irregular, albergada bajo un friso corrido.
El segundo cuerpo es nuevo, construido en tabique aparente, imitando el esquema original de la antigua fachada, con ventanas ajimez para iluminar el coro, forjadas con tabique y un falso alfiz bajo el remate mixtilíneo de la cornisa en saledizo, hecha del mismo material.
La torre no existía, ya que la Inspección Ocular afirma tal hecho; sin embargo, se ha construido una en tabique aparente con estructura de concreto armado, que al menos se tuvo el acierto de edificarla exenta de la nave principal. Llama la atención una obra de esta índole en una comunidad de tan escasos recursos y vecindario.
No cuenta con casa cural; los encargados o Quenis viven en dos grandes trojes de madera ubicadas a un lado del templo, rodeadas de fragmentos de elementos de cantera, como son capiteles, impostas y basas de columnas dispersos en el predio.
La nave se ubica de distinta manera a las iglesias de su época, ya que tiene el altar hacia el poniente, lo que hace pensar en una supervivencia pagana de adoración hacia donde se oculta el sol, distinta a la adoctrinación católica que oficia en sentido inverso. Es de un solo cuerpo, de planta rasa, delimitada por muros de piedra al canto y lodo, formando una masa ciclópea que evidencia lo primitivo de su factura; es aparente al exterior y enjarrado con pintura por el interior. Solo cuenta con una ventana que se abrió hace poco para iluminar el presbiterio, conservándose la misticidad oscura del recinto; los muros largueros presentan serias fracturas e indicios de reconstrucciones parciales, mismas que alarmaron a los vecinos, quienes le construyeron paralelamente un muro de tabique por el interior, que propiamente sirve para cargar la cubierta del artesón, que está soportado por una solera y columnas de concreto bajo los canes, en sustitución de las pilastras de madera que debieron existir originalmente. Cuando visitamos el lugar en 1983, los paramentos se recubrían de pintura blanca, que hoy ha sido sustituida por una capa de aceite azul y rosa.
La cubierta interior es una estructura de madera que forma una media naranja en el altar, que se repite sobre el coro y que se denominan artesones; conservan aún "la granada" en la primera cercha. Es la más amplia que conocemos en el estado de Michoacán y está totalmente policromada con escenas litúrgicas. La parte central es un extenso cañón dividido por veintiuna cerchas que cargan tablones imitando las bóvedas de mampostería; la técnica usada, así como la temática, nos induce a suponer que fue pintada por el mismo autor que decoró la capilla de San Lorenzo en el municipio de Paracho. Por el exterior presenta una armadura de madera armada a base de tijeras colocadas en pares sobre hilera con nudillos, que se recubre con láminas de asbesto en sustitución de tejamanil.
En el interior se conservan tres altares; uno de ellos, ultrabarroco, alberga en su única calle la imagen de Santa María de Guadalupe, rodeada de ramilletes floridos, pintada al lienzo por un artista de calidad. Se flanquea por dos pilastras ultrabarrocas que permiten definir el estilo de grandes roleos barrocos sobre un fondo azul recubierto de rosas pintadas, formando guirnaldas o bien dispersas. Este elemento debe ser uno de los "feos retablos de fea talla dorada, mala y sucia" a que alude el visitador, influenciado ya por las obras neoclásicas. Ocupado por la escena del Calvario, vemos un altar ecléctico que debe ser uno de los "tres altares formales" que llenaba más el gusto de la época de la Inspección Ocular. Está formado por un solo cuerpo, sostenido por delgadas columnas de capitel compuesto que soportan un entablamento con dentículos, cuya cornisa se ornamenta con almenillas torneadas y sobredoradas. Las imágenes del interior las inventariamos hace tres años y la mayoría son bellos exponentes de la imaginería indígena en pasta de caña; destaca en primer plano la Inmaculada Concepción, ex patrona del ya inexistente Iuritzio, y la pequeña Santa María Magdalena procesional, cubierta de pañuelos y mandiles, con su copón de bálsamo tallado en madera en las manos.
El altar principal, recubierto de los espléndidos arreglos de gladiolas que siempre encontramos en Quinceo, fue desmantelado, conservándose únicamente el nicho central, flanqueado por columnas platerescas y dos nichos en donde guardaban la Virgen y San José. El central está ocupado por la Magdalena, que viste más de cuarenta mandiles, uno por cada favor concedido a sus fieles. La sección superior del altar fue colocada en el lambrín del antecoro y representa la espléndida imagen del Padre Eterno dando la bendición, en una talla ingenua y popular de indudable factura indígena. Fue raspada para quitarle el color, pero aún alcanzamos a ver la capa del estuco y algo de oro de hoja de la vestimenta.
El piso de tablones ya no existe, ya que se recubrió de mosaico, colocándose escalones de cantera para separar el presbiterio de la nave. No cuenta con comulgatorios; el acceso hacia la nueva habitación que funge como sacristía fue abierto recientemente con un vano rectangular sin interés alguno.
El coro se ubica al pie de la nave, sobre el acceso; está formado por vigas labradas que soportan un tablazón y se delimitan por un barandal de barrotes torneados. Se ingresa a él a través de una escalera metálica de caracol.
Orden religiosa (original)
clero secular
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Michoacán, Paracho, Quinceo
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Plaza principal
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
N/A
Código Postal
60265
Otra localización
Quinceo
Planta arquitectónica (original)
Una Nave
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Uso inicial del inmueble
culto público
Tipo de uso del inmueble
Uso actual del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
1 noviembre, 1997




















































