Antecedentes históricos
El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe no tiene atrio: sus puertas abren directamente sobre la banqueta de la calle de Juárez en uno de los barrios más céntricos de la población de Ocotlán, localidad que hace algún tiempo alcanzó la categoría de ciudad. La única área exterior del templo se encuentra al norte de la fachada de acceso, en la esquina que forman las calles
Juárez y 1910: se trata de un jardín que está protegido por una barda compuesta con una sección de muró y una reja de herrería a través de la cual se observan los árboles y las áreas destinadas al cultivo de arbustos y plantas de flores.
Las fachadas laterales y posterior del recinto están íntimamente emparentadas con el paramento que contiene al acceso pues fueron terminadas en tabique aparente, como la fachada principal. Ese material, cuyo uso se ha extendido con mucho éxito en varios sitios de la región, se ha vuelto un recurso característico si bien su más adecuado manejo exige una calidad de obra de mano que también podría representar a la zona.
La fachada principal del templo, así, es un formidable paramento de más de 20 m de altura al que componen, para convertirlo casi en un volumen, los dos cubos de las torres de los campanarios, ubicados al sur y al norte de los arcos de acceso antes de que se eleven, aún más, las dos torres que, dicho sea de paso, son visibles desde una extensa zona de la organización
urbana de Ocotlán.
La portada de la iglesia está compuesta por tres cuerpos y, si así se puede afirmar, por tres calles en sentido vertical. El primer cuerpo está formado por las dos entradas laterales y, al centro, por el arco que señala el principal de los accesos. Entre unos y otros accesos van dos pares de columnas medias muestras a las que completan espacios intercolumnios en los que van nichos y peanas vacíos. Las columnas se alzan sobre basas y terminan en capiteles y un entablamento que revelan una cierta maestría en el manejo del material de construcción pues las portadas tradicionales fueron aplanadas o terminadas en cantera y sólo excepcionalmente en tabique aparente, material que finalmente se prestó para la ejecución de molduras, de entrantes y de salientes que dejan ver las destrezas de sus autores.
El segundo cuerpo de la portada lleva ventanas en los cubos de las torres y, al centro, la ventana de coro. Las columnas medias muestras también continúan en ese nivel, lo mismo que se repiten los patrones del entablamento, elemento que parece extenderse sobre los cubos a manera de moldura, circunstancia que subraya la decisión de distinguir los cuerpos de la composición.
El tercer cuerpo incluye el remate de la portada, elemento que fue resuelto también con tabique y el que se resolvió con un bajo relieve que evoca la imagen de la Virgen de Guadalupe rodeada por cuatro cartelas vacías con las que se alude, sin duda, a las cuatro apariciones de la Guadalupana. Sobre esos componentes sólo corre la moldura superior, pieza que se amplía en las proximidades y bajo el arranque del primer cuerpo de las torres.
Las torres de los campanarios son iguales entre sí y están formados por dos cuerpos y un remate. Esos elementos verticales son también producto de la espléndida calidad de trabajo que encontraron sus autores: los primeros cuerpos de las torres son de planta cuadrada y llevan vanos para las campanas en cada cara. Las aportaciones del tabique aparente se encuentran en las cualidades de las dos columnas medias muestras que flanquean los vanos y que se resuelven en capiteles y en entablamentos que, aparentemente volados, se prestan a formar las bases de los segundos cuerpos. Estas zonas son de las mismas características pero de dimensiones un tanto más reducidas seguramente en función de la altura. Los remates de ambas torres fueron resueltos también con tabique y asumiendo las formas de pequeñas bóvedas que sirven para sostener las cruces con que terminan.
El interior dl recinto es el resultado depurado de la aplicación de un esquema en forma de cruz latina; en ese mismo orden de trazo, al pie de la nave se encuentra el coro y, a los lados, en planta baja, las capillas que acompañan en ese mismo nivel la solución de los cubos de las torres. Del mismo modo, y con el concepto de simetría bien definido, también a la altura del presbiterio se encuentran dos espacios similares: de una parte la sacristía y de la otra una capilla devocional de cierto interés. En vista, sin embargo, de que ese esquema de disposición crea una serie de vacíos en planta, los arquitectos de la obra discurrieron disponer dos salones longitudinales, paralelos a la nave, en los que se conservan las criptas que utiliza la comunidad para cierta clase de inhumación de restos.
Las cubiertas de la nave son bóvedas de arista a las que se completó con aplicaciones de argamasa que simulan nervaduras -o tracerías- y los tramos de que consta la estructura están señalados por pilastras adosadas y un vigoroso entablamento que recorre el interior en las partes altas, justo antes del inicio de las bóvedas. En el interior de la nave destacan, desde luego, los espacios correspondientes a la luz, es decir, al crucero -y a la cúpula- y al presbiterio.
La cúpula se eleva sobre una planta de trazo octagonal y en medio de cuatro bóvedas en las que resaltan las crucerías, elementos decorados en amarillo, rosa y dorado sobre blanco; lleva un tambor ciertamente peraltado y luego un casquete en el que también dominan los efectos plásticos de otras nervaduras. El presbiterio, por su parte, lleva un altar y, detrás, un retablo de linaje neoclásico que se adapta a las peculiaridades del espacio terminado en un muro cóncavo que, a su vez, recibe la bóveda peraltada y con aplicaciones de yesería en forma de nervaduras que remata la composición en su eje principal.
El coro y los otros elementos del edificio, desde las capillas laterales hasta las zonas dedicadas a las criptas, están construidos también con tabique rojo, al que se dejó aparente; lo más interesante de estas piezas, y desde luego del material, es que con maestría se resolvieron las formas de los distintos volúmenes, lo mismo las curvas y hasta circulares que las ortogonales y
desde luego las rectas.
Esta iglesia de enorme fachada es una de las obras características de la región de la Ciénega: se trata, en efecto, de un recinto al que se añadió una fachada monumental por sus dimensiones y, desde luego, por el sabio uso de un solo material, el tabique que, además, permanece aparente.
La construcción es parte de un conjunto de alardes constructivos y de conservación que habla mucho, y muy bien, de las capacidades de un grupo social como suele haberlos en los municipios más cercanos a la ciudad de Guadalajara. Esta es una obra procedente de los años postreros del siglo XIX o de los primeros del XX, época en la que varias comunidades decidieron dotarse de nuevos edificios para el culto o intervenir -y modernizar- los recintos que produjo el periodo virreinal en la zona.
Esta es una obra de la sociedad su usuaria y, muy probablemente, de la guía espiritual y de organización a que convocó alguna autoridad eclesiástica a partir de la preexistencia de una capilla o de una obra similar. Por su ubicación en un barrio y fuera del contexto de una plaza o de un receso urbano, el Santuario de Guadalupe no oculta proceder de una época distinta a las de las obras del centro de Ocotlán, propuestas de carácter religioso y urbano mucho más de fondo relacionadas con la integración de la población.
Orden religiosa (original)
Diocesano
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Jalisco, Ocotlán, Ocotlán
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Juárez
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Planta arquitectónica (original)
Cruz Latina
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Uso inicial del inmueble
culto público (clero secular)
Tipo de uso del inmueble
Responsable del levantamiento del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
1 diciembre, 2008