Clave del inmueble
MX-SC-DGSMPC-BI-14-007552
Nombre del Inmueble (en cédula)
Nuestra Señora de San Juan de los Lagos
Periodo legal del inmueble
Época
Siglo XVIII
Siglo de inicio de edificación
Estudio Monográfico
Antecedentes históricos
Este edificio, que desde luego es el más importante en una vasta zona de Jalisco -incluso más allá de la convención geográfica y social que delimita "los Altos"-, en una obra muy bien proyectada, igualmente bien construida y mantenida y, sobre todo, muy bien relacionada con las corrientes plásticas y culturales que caracterizaron al siglo XVIII en Nueva España.
Se trata de una construcción de grandes dimensiones y de una formidable carga simbólica, condiciones ambas que guiaron los trabajos de su autor, que estuvo al frente del proyecto y de la edificación entre 1732 y 1760 si bien las labores constructivas demandaron 30 años más. No se trata de un complejo arquitectónico que evolucionó de acuerdo a la importancia creciente de su titular, sino de una propuesta de solución a las dimensiones jerárquicas y de significado de la imagen que ya era una distinguida celebridad desde principios del siglo XVIII.
El edificio, en esa perspectiva, fue concebido y erigido sobre una plataforma que debió modificar la disposición del centro de la localidad. Sobre ese primer elemento fue trazada la planta, en forma de cruz latina, a la que se organizó con una sola nave dividida en tres tramos de estructura a los que cubren tres bóvedas de arista a las que se terminó con nervaduras agregadas.
Luego siguen el crucero, el transepto y el presbiterio -entre los principales elementos- además del camarín, la antesacristía y la sacristía. Ese conjunto básico de espacios componentes de un gran complejo determinaron, aparte otras condiciones, la naturaleza y las cualidades de los materiales que integran sus fachadas.
Como en muchos otros inmuebles de su género, esta sede episcopal se dispuso un atrio capaz de alojar a una gran cantidad de personas: por ello fue formado por dos grandes explanadas, una al sur y otra al poniente, a las que delimitan, como a todo su perímetro, una balaustrada de cantera y puertas a base de rejas frente a las entradas principales. Los pavimentos del atrio también son de cantera en combinación con algunos otros materiales y otras soluciones, como las rejillas encargadas del desagüe pluvial del espacio.
Todo en el volumen apunta a destacar las propiedades de la cantera que se utilizó tanto en la composición de los muros -como soportes estructurales y de continuidad- como en la integración de sus elementos característicos, entre los que desde luego destacan las portadas. La fachada principal contiene el acceso más importante, una importantísima portada y las dos torres que resolvieron los campanarios del santuario.
La portada está integrada por tres cuerpos y un remate. El primero lleva la puerta en un arco de medio punto al que flanquean dos mínimas pilastras y luego columnas medias muestras de ascendencia corintia que lo mismo forman intercolumnios que soportan un primer entablamento. El arco de acceso ha sido subrayado con molduras de varios perfiles y una clave con motivos
vegetales; en los intercolumnios van las esculturas de San Bernardo, del lado poniente, y de San Alfonso María de Ligorio en el oriente. La portada, en su primer sector, va acompañada de las primeras ventanas de los cubos de las torres, así como de otras esculturas, las que recuerdan a Fray Miguel de Bolonia, al poniente, y a Fray Antonio de Segovia, al oriente, personajes importantísimos en la historia de Jalisco pues ellos iniciaron la evangelización en esta zona del país.
El segundo cuerpo de la portada lleva nuevas columnas medias muestras con diseños influidos también por el orden corintio en la continuación del eje de las del cuerpo inferior. Estos apoyos también crean espacios intercolumnios antes de soportar un nuevo entablamento, éste mucho más elaborado que el del cuerpo precedente y en el que se advierten otras influencias renacentistas, como las insinuaciones acerca de segundos capiteles y un arquitrabe más complejo. En los nichos que se abren en los intercolumnios, y sobre peanas, aparecen las figuras escultóricas de San Lorenzo Diácono, al poniente, y de San Juan Damasceno, al oriente. Y todo alrededor de la ventana del coro, que es de trazo rectangular.
El tercer cuerpo de la portada también lleva una ventana de coro, ésta de trazo octagonal y a la que igualmente flanquean elementos estructurales y verticales en los que también se encuentran nichos en los espacios intercolumnios y sólidas relaciones con el entablamento, que en esta tercera ocasión recrea las condiciones de claroscuro que también caracterizan al barroco.
Las figuras a las que se honra en este nivel son San Agustín de Hipona y San Cirilo de Alejandría, al poniente y al oriente respectivamente. Como en las otras zonas de la portada, el entablamento cierra la composición con un arquitrabe moldurado, un friso liso y una cornisa en saliente.
Las áreas entre apoyos del remate también llevan nichos y peanas; en este sector las figuras seleccionadas fueron San Juan Evangelista y San Lucas, personajes encargados de flanquear el motivo más importante de la portada y que desde luego merecería una lectura iconográfica más profunda: la Virgen de la Inmaculada Concepción, ahora de San Juan de los Lagos. El diseño del remate de este elemento es un pretil de tres curvas, cada una de las cuales corona los frontones que protegen los dos nichos laterales y el espacio central de la titular del templo. Como todos los elementos estructurales y verticales del remate arrancan sobre peanas de planta semicircular, el último tramo de la portada subraya también el ánimo de claroscuro que guía los conceptos de composición del remate.
Las torres proceden de épocas posteriores a la conclusión del recinto: la del lado poniente es del 24 de octubre de 1784 y la del oriente del 8 de junio de 1790. Las torres son iguales entre sí y constan de tres cuerpos y remate. Se trata, al decir de varios autores, de propuestas cercanas al tipo de barroco sobrio que identificó Manuel Toussaint. Cada uno de los cuerpos se eleva sobre una planta de sección cuadrada y en cada uno, también, los vanos para las campanas -que son arcos de medio punto- van flanqueados por dos pares de columnas medias muestras que se resuelven en complejos entablamentos que siguen los perfiles tanto del volumen principal como de los capiteles y la cima de las columnas. En la parte inferior del primer basamento fueron agregados los relojes del templo y en todos los casos, sobre el eje vertical de la composición, se dispusieron claves para los arcos y motivos escultóricos diversos sobre esas piezas ornamentales.
Cada uno de los vanos, cabe agregar, lleva balcones que, integrados al diseño general de cada elemento, acentúan las cualidades de los varios componentes en saledizo y, con ellas, la capacidad de claroscuro de la propuesta.
El remate de cada torre es un cupulín de planta octagonal al que acompañan, en su tambor, ocho vanos ovales. El tambor, vale la pena subrayarlo, termina en un complejísimo entablamento que lo mismo integra piezas de cantera que nuevas rejas a la manera de las que se usaron en los balcones de los vanos. Y cierra cada composición una linternilla igualmente barroca y compleja sobre ocho columnillas que, en suma, constituyen uno de los alardes compositivos y constructivos del edificio.
El interior del recinto es, ahora, un espacio en el que se combinan las soluciones y las propuestas del barroco con las adecuaciones de la época neoclásica de la localidad y del edificio. Como muchos otros edificios en los Altos de Jalisco, y como se apuntó antes, la nave consta de tres tramos estructurales a los que definen contrafuertes en el exterior y vigorosas columnas medias Muestras en el interior. Esas piezas, que son de cantera y que sobresalen del muro de fondo, son producto, también, de las influencias que ejerció la Catedral de Guadalajara desde las primeras etapas de construcción de espacios de culto católico en el Occidente. Así lo demuestran no sólo que las coronan sino la solución de las molduras que se prolongan hacia arriba hasta resolverse en una balaustrada que, con el entablamento que la sostiene, recorre todo el interior del complejo.
El crucero del edificio fue resuelto con una cúpula de planta octagonal como fue que se hiciera en México en espacios similares desde el siglo XVII. Se trata de una obra magnífica en la que todos sus elementos desempeñan papeles protagónicos, desde las pinturas en las pechinas, que evocan a los evangelistas, las pilastras que guardan los vanos rectangulares en cada una de Sus caras, hasta las molduras a manera de gallones que resaltan de la curvatura interior de la bóveda.
Los brazos del crucero, es decir, el transepto, fue formado por un amplísimo espacio al que rematan sendos arreglos a manera de retablos que desde luego fueron agregados al conjunto después de muchos años de terminada la obra. Uno de ellos va dedicado a La Crucifixión y el otro a la Sagrada Familia, motivos a los que completan propuestas compositiva ornamentales en las que se resumen los mensajes simbólicos y litúrgicos que corresponden a un edificio de esta formidable importancia.
El espacio central del edificio es desde luego su presbiterio y en él, la célebre y reiteradamente reconocida imagen de la Virgen de San Juan de los Lagos, una figura que ha sido capaz, entre otras muchas cosas, de transformar positivamente toda la Región de los Altos de Jalisco. El presbiterio es, evidentemente, el que corresponde a la dignidad de una catedral de alta importancia y en él, por ello, se encuentran todos los objetos necesarios a la liturgia y a las expectativas de numerosos peregrinos. El arreglo principal del presbiterio es el retablo de linaje neoclásico que sustituyó al impresionante retablo churrigueresco que tuvo el edificio hasta los primeros lustros del siglo XIX y del que, por fortuna, se conservan los dibujos originales de su autor, Felipe de Ureña, uno de los Re tablistas y entalladores más importantes de Nueva España.
El retablo neoclásico es de un solo cuerpo y remate que toma la curva del muro testero desde media altura y hasta el tímpano del propio muro final. También lleva tres calles y espacios entre apoyos en los que se encuentran las varias figuras que se agregaron a la lectura iconográfica del espacio en la segunda mitad del siglo XIX. Lo más importante del retablo es que de su centro se desprende el baldaquino que concentra la atención en el recinto: es una pieza a la que sostienen cuatro columnas de mármol a las que sigue un entablamento semicircular y luego una bóveda de un cuarto de esfera. "Dentro del baldaquino se localiza el tabernáculo que guarda la taumaturga imagen de la Virgen de San Juan de los Lagos, nicho de muy bella manufactura de planta circular sostenido por ocho columnas pareadas de orden jónico, con resaltos en los ejes de las columnas y sobre éstos, pares de remates en forma de copa; se cubre el tabernáculo con un cupulino peraltado realizado en plata que culmina en lo alto con la figura simbólica resplandeciente del Espíritu Santo, realizado por el orfebre Don Epitacio Garabito." (Huízar Zuno, Javier, Catedral-Basílica, en La Virgen de San Juan y su Santuario, pág. 44, Diócesis de San Juan de los Lagos, Tercera Edición, San Juan de los Lagos, 2008).
La Catedral de San Juan de los Lagos es un edificio de importancia nacional; y lo es tanto por ser la sede de una de las figuras centrales del catolicismo mexicano como por ser, de fondo, un conjunto pulcra y sabiamente planeado, así como notablemente conservado. En esa circunstancia, cabe agregar que otros elementos del inmueble también tienen su relevancia: entre ellos el camarín de la Virgen, que se ubica detrás del altar, y que se eleva sobre una planta cuadrada para terminar en una cúpula de trazo octagonal. También la antesacristía llama la atención pues es el área desde la que se accede tanto al camarín como a la sacristía. Lleva pues dos portadas y una cubierta de bóveda de arista a la que completan nervaduras agregadas. La sacristía es un amplísimo y muy alto salón de notables proporciones y cualidades en el que se conservan pinturas de Ignacio Berbén fechadas en 1784 (La Virgen del Apocalipsis y el Patrocinio de la Santísima Virgen María sobre la Iglesia Española y Mexicana, entre otras.)
"de manufactura indígena, hecha de pasta de maíz en Pátzcuaro, Michoacán, la imagen de la Limpia Concepción o de Nuestra Señora de San Juan, mide 38 centímetros y representa a María de pie, con el rostro un poco inclinado en oración y con las manos juntas ante el pecho. Está vestida en la misma talla de pasta; lleva el manto azul y una media luna a sus pies.
"Durante su segunda visita a México el papa Juan Pablo II, en la Catedral Basílica de San Juan de los Lagos describe a la Virgen san Juanita: La imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos tiene el encanto de las cosas sencillas, como sencilla fue la vida de la Virgen de Nazaret. Una imagen hecha de material humilde por los artesanos de estas tierras, pero labrada con inmenso amor y fruto de luminosa fe; y que, a la vez, posee el misterio de la grandeza misma de la Virgen, en la que Dios hizo maravillas, desde su Inmaculada Concepción hasta su gloriosa Asunción a los cielos. Estamos ante una imagen que podríamos llamar "resucitada", porque fue rescatada de un periodo de olvido y restaurada para gozo y consuelo de los hijos de estos lugares. Al mismo tiempo, es como una imagen "resucitadora", pues a su poder milagroso le atribuye la tradición el portento de haber vuelto a la vida a una niña humilde." (Guzmán García, Francisco, y González Orozco, Juan Carlos, Imagen de la Virgen de San Juan, en La Virgen de San Juan y su Santuario, págs. 17 y 18, Diócesis de San Juan de los Lagos, Tercera Edición, San Juan de los Lagos, 2008).
"... la traza y gran parte de la construcción (de la Catedral de San Juan de los Lagos) se deben al alarife Juan Rodríguez de Estrada, quien hiciera el viaje desde la Ciudad de México trayendo los proyectos para la edificación del Santuario ... (Los trabajos) le fueron encomendados por el Excelentísimo Doctor Don Nicolás Carlos Gómez de Cervantes y Velásquez de la Cadena, decimoctavo Obispo de Guadalajara, quien pusiera la primera piedra de la actual Catedral y Basílica el 30 de noviembre de 1732.
"No se tiene noticia sobre la vida de este alarife mestizo, lo cierto es que llegó a San Juan en 1732 y murió en 1760, es decir, que durante veintiocho años estuvo al frente de la obra que no vio concluir, pues las torres se terminaron hasta 1790." (Huízar Zuno, Javier, Catedral-Basílica, en La Virgen de San Juan y su Santuario, Diócesis de San Juan de los Lagos, Tercera Edición, San Juan de los Lagos, 2008)
Orden religiosa (original)
Diocesano
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Jalisco > San Juan de los Lagos > San Juan de los Lagos (140730001)
Estado Municipio Localidad (Original)
Jalisco, San Juan de los Lagos, San Juan de los Lagos
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
López Lara
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
El Duarte
Código Postal
47000
Planta arquitectónica (original)
Cruz Latina
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Uso inicial del inmueble
culto público (culto católico)
Tipo de uso del inmueble
Responsable del levantamiento del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
14 junio, 2009