Antecedentes históricos
La capilla que fue integrada al espacio propio del Cementerio de Guadalupe es una obra de cierto interés pues, a juzgar por algunas de las tradiciones regionales, fue patrocinada por lo menos parcialmente por la Iglesia después de que el Estado mexicano tomó el control de los cementerios y los convirtió en accesorios de actividades exclusivamente civiles. A diferencia de lo que Ocurrió en otros sitios, esta capilla se conservó relativamente cerca de la comunidad a pesar de ser parte del equipamiento de un cementerio, circunstancia que quizá de deba a la advocación
de María a la que se dedicó.
La capilla no dispone de un atrio propiamente dicho, sino sólo de un espacio de muy pequeñas dimensiones en el que se forma, llegado el caso, el necesario vestíbulo de todo recinto de culto. El Volumen que del templo, que se alza ahora en una zona congestionada de inhumaciones, fue levantado con el apoyo de mamposterías de piedra y de aplicaciones de tabique rojo, materiales a los construcciones. finalmente se aplanó y se pintó a la cal en dos colores distintos. Las fachadas del volumen, así, se ostentan como lienzos de relativa buena calidad en un medio dominado por otra clase de las mismas fachadas, probablemente por esas mismas razones, son paños ciegos que no revelan sino, con toda sutileza, pertenecer a una obra destinada a permanecer cerrada.
La fachada principal del edificio, que remata la circulación central del cementerio, está formada por una pequeña portada flanqueada por los cubos de sus campanarios, por un remate en extremo sencillo y por los volúmenes de las dos torres que, además de todo, también forman parte de los perfiles urbanos de la localidad de Jalostotitlán. La portada fue compuesta,
sencillamente, por un vano en forma de arco de medio punto al que flanquean columnas exentas que, después, soportan un entablamento igualmente elemental sobre el que corre un pequeño juego de roleos y de molduras que enmarcan una cartela en la que se llama a la paz. La composición es de cantera rosa, lo mismo que las jambas, las impostas y las dovelas del arco de acceso y los jarrones que completan el diseño. La separación del primer paño de la portada respecto del muro de fondo es una aportación de alta ingenuidad pero de indudable valor en la medida en que no buscó sino atribuir algo más de dignidad a un sitio en el que priva la severidad.
Sobre el muro frontal de la portada se alzan las dos torres de los campanarios, piezas en las que son ostensibles las profundas influencias que comenzaron a ejercer las torres de la Catedral de Guadalajara inmediatamente después de haber sido concluidas a mediados del siglo XIX. Las torres son iguales entre sí y, en verdad, son obras derivadas del edificio episcopal de la capital tapatía: constan de dos cuerpos de planta cuadrada en los que se abren vanos apuntados en cada cara y de altos remates en las mismas formas de agujas que las del conjunto que las inspiró, incluidos desde luego, los elementos a modo de pináculos que las acompañan en las esquinas.
Los vanos apuntados que se abren en las caras de los cuerpos dedicados a las campanas van flanqueados por pilastras cuyos capiteles soportan entablamentos a los que se redujo a expresiones mínimas en las que sólo se insinúan los tres componentes básicos de esos recursos de linaje clásico. Esos entablamentos, además, determinan las fronteras entre los cuerpos de la composición, lo que contribuye no sólo a decorarlos sino a incorporarlos al sistema de claroscuro que siempre ha sido parte de los diseños de este tipo de elementos.
El interior de la nave, que es de planta rectangular, acusa sin duda la naturaleza de los oficios que se realizan en el sitio: se trata, pues, de una obra concebida y construida para los fines específicos que se concentran en despedir a los difuntos, lo que, desde luego, conduce a determinar una sobriedad extrema y a perfilar altar. cercanos a la práctica de la religión. El recinto, así, se reduce a ser un sencillo salón en el que destaca una pintura de Cristo en la Cruz que va colocada sobre el muro testero y apenas arriba del madera. Los muros que definen el volumen fueron terminados con aplicaciones de pintura de molde como la que fue usual durante el siglo XIX, y la cubierta se presenta resuelta con viguerías de sencillamente colocada sobra las vigas de arrastre que rematan y coronan los muros laterales hechos de tabique en esas zonas altas.
Por razones que parecen obvias, la capilla no cuenta con accesorios como aquellos de los que dispone una iglesia abierta al culto y con horarios establecidos. El templo no lleva coro y su sacristía, que es fundamental para la comparecencia de oficiantes, se limita a ser un espacio menor en el que lamentablemente se observa falta de mantenimiento.
La capilla del Cementerio de Guadalupe se encuentra en un espacio de propiedad municipal. A pesar de ello, y de que la obra está abierta para visitas informales prácticamente todos los días, tendría que considerarse una pieza importante del elenco patrimonial de Jalostotitlán tanto por su época de construcción como por su cercanía plástica a muchos de los edificios que, en conjunto, caracterizan el acervo histórico y monumental de Jalisco.
"El día 11 de mayo de 1875 se techó esta capilla por el mayordomo de ánimas Don Bernardo Tostado con la limosna que colectó de los fieles", reza una noticia pintada sobre dos de las vigas que el espacio de la capilla. Más allá de ese importante dato, conviene tener presente que, como se anotó antes, se trata de un edificio que representa un momento de verdadera
importancia en la integración de las localidades en los municipios de Jalisco en su primera etapa de desarrollo.
Como se sabe, los cementerios pasaron al dominio del Estado en México a resultas de la aplicación de las Leyes de Reforma a partir de 1861. La Iglesia, en consecuencia, dejó de administrar, y registrar, en exclusiva los primeros momentos de la vida y de la muerte de los mexicanos: la creación del Registro Civil condujo a la formación de cementerios civiles, de manera que el patrocinio de una comunidad religiosa, y de los fieles en la erección de una capilla en un cementerio no deja de ser una novedad
La capilla, por otra parte, ha prestado sus servicios durante más de 140 años y sin haber estado sólo asociada a la celebración de últimos ritos. No hay servicios de culto, sino sólo apertura a las devociones de los fieles del barrio y de la zona, en particular, desde luego, de aquellos deudos de los difuntos inhumados en el sitio.
Orden religiosa (original)
Diocesano
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Jalisco, Jalostotitlán, Jalostotitlán
Tipo de vialidad o calle
carretera
Nombre de la vialidad o calle
Jalostotitlán-Lagos de Moreno
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Planta arquitectónica (original)
Rectangular
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Uso inicial del inmueble
culto público (culto católico)
Tipo de uso del inmueble
Responsable del levantamiento del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
14 junio, 2009