Antecedentes históricos
La parroquia de Mechoacanejo se encuentra en un predio muy amplio, de manera que forma parte de un generoso conjunto en el que el atrio desempeña un importante papel: esa área abierta, en efecto, es tan grande que ha permitido la construcción de varios espacios adicionales a la parroquia. Es una lástima, a cambio, que, por sus dimensiones, el atrio sólo ha sido parcialmente transformado en un espacio verdaderamente útil y todavía falta atender varias zonas.
El atrio tiene cierta importancia por aquellas cualidades, en efecto, pero también porque su barda, en el costado oriente, contiene algunos restos de una antigua portada ahora incorporada a una serie de elementos de varias formas y de distintas épocas de construcción. La pieza que perdura es un arco trilobulado y apuntado hecho con cantera rosa cuyos méritos -aparte el histórico- se encuentran en los resultados del trabajo de cantería que hizo posibles las jambas, las impostas y las dovelas estriadas que, juntas, se han incorporado a soluciones actuales en las que coexisten piedra aparente -en un volumen al sur; refuerzos parcialmente aplanados en los extremos de la portada; tabique rojo aparente -en el refuerzo de la reja-, y muretes aplanados y pintados de rojo con vinílica -en el elemento que soporta la reja-.
La amplitud del atrio permite apreciar tanto al volumen en conjunto como a sus varias fachadas en particular. Esos paramentos demuestran que el edificio fue construido con sillares y mamposterías de piedra cuyos resultados, en los muros, luego han sido "chapeados" con tabique rojo mientras los contrafuertes y la torre del campanario han permanecido con la piedra en estado aparente. El resultado final es francamente desafortunado pues, además de que transformó negativamente las apariencias del volumen, de varios modos impone condiciones y cualidades a un edificio de valor histórico cierto.
La fachada principal, que contiene el acceso, es, pues, un lienzo de tabique dispuesto de manera irregular -que forma la portada- y un volumen de piedra de varios colores a la que se ha hecho permanecer aparente. A pesar del recubrimiento de tabique, en la portada es posible advertir que ese elemento procede de un proceso de diseño que incluye trazos y componentes tradicionales en una portada de templo: ahí están dos cuerpos que se organizan con un arco para el acceso, que es un vano de medio punto enmarcado con piezas de cantera que incluyen jambas rematadas en capiteles de linaje corintio, impostas y dovelas con una clave de cierto interés; pilastras adosadas, y un entablamento que señala una línea importante en la composición pues no tiene réplica en la parte alta, zona en la que sólo hay una ventana de coro y un remate que contiene un reloj de factura aparentemente reciente. La portada presenta cuatro pilastras apenas identificables y cuatro nichos en los espacios intercolumnios, dos en la parte baja y dos más en el segundo cuerpo: los de la parte baja están ocupados y los de arriba continúan vacíos.
Los nichos llevan marcos de cantera y trazos conopiales. En los del primer cuerpo fueron alojadas dos piezas escultóricas que representan a la Virgen de Guadalupe, en el del lado oriente, y a un personaje no identificado pero que podría ser San Julio Álvarez Mendoza, uno de los mártires de la Guerra Cristera que fue el primer párroco del templo.
La torre con que se resolvió el campanario probablemente se encuentre entre los elementos de mayor antigüedad en el conjunto pues se trata de una obra de cierta rudeza, condición que se acentúa con la decisión de dejar la piedra aparente. Se trata de una pieza que se eleva sobre un cubo de menores dimensiones y que luego consta de tres cuerpos y un remate. Los sectores del campanario son de planta cuadrada y llevan vanos en forma de arcos de medio punto en cada una de sus caras. La constante presencia de piedra aparente en los lienzos de los muros realmente hace difícil la lectura de los detalles de la torre, pero, en fin, ha de agregarse que, aún en el medio de la construcción rudimentaria, a los arcos y las esquinas de ese campanario los apoyan intentos ingenuos, pero sinceros, por conseguir un elemento plásticamente identificado con el templo.
El interior del recinto también ha sido objeto de algunas intervenciones, pero desde luego conserva elementos de más fácil lectura: la nave es rectangular y su estructura incluye varios tramos a los que, como es habitual, definen pilastras de sección rectangular en dos planos que terminan en capiteles sencillos, pero de cantería elaborada sobre los que corre un entablamento que se extiende por todo el espacio interior del templo. Esos apoyos reciben los arcos que, como las bóvedas de arista, fueron aplanados. Los acabados en las superficies curvas de la cubierta fueron sutilmente completados con piezas de cantera que comparten los quiebres de las aristas mientras en los arcos, y sobre los aplanados, se simularon dovelas con pintura blanca sobre fondo gris.
El objeto más importante del interior del templo es desde luego el retablo que ocupa el presbiterio y que se apoya en el muro testero: se trata de un pórtico de linaje clásico pero interpretado de manera muy peculiar pues ocupa dos planos con cuatro pares de columnas muy esbeltas -desde luego fuera de proporciones- que soportan un frontón triangular cuya porción central avanza sobre el espacio del presbiterio para formar una caja en la que se conserva una escultura de Cristo en la Cruz francamente importante. El muro testero presenta una suave curvatura, circunstancia que en algo contribuye a dar volumen al retablo, que es de madera y cuyas piezas más destacadas van terminadas con aplicaciones de oro en hojas.
Sobre el muro lateral oriente se ha montado recientemente un altar que lleva una placa: con ese objeto se recuerda a San Julio Álvarez Mendoza, un mártir de la denominada Guerra Cristera que fue el primer párroco del templo, nombramiento que recibió en 1921.
Entre los complementos más interesantes de la iglesia deben contarse el coro, que es un elemento cuyo uso ha sido modificado con las disposiciones del Vaticano, y una pequeña capilla lateral que se encuentra, como suele ocurrir en otros sitios, en la parte baja, y a nivel, del cubo de la torre del campanario. Se trata de un recinto mínimo en el que se practica la devoción al apóstol Santiago.
La parroquia de El Divino Salvadores una obra que quizá tenga algunos anteriores, pero que fue construida en su mayor parte durante el siglo XIX.
Según informa una placa alusiva, el mártir -y ahora santo- Julio Álvarez Mendoza fue su vicario fijo desde 1894 y luego él mismo fue designado su primer párroco en 1921, cuando también el edificio dejó de ser capilla -vicaría- y ascendió a la categoría de tener su sacerdote residente. El personaje fue canonizado en 2000 por el papa Juan Pablo II.
Este edificio, en suma, es una obra que reclama un sitio en el acervo patrimonial e histórico del Estado de Jalisco. Por sus relaciones con quien terminó siendo santo, también es un sitio al que todavía falta estudiar a fondo, como prácticamente todo lo vinculado con el episodio nacional denominado Guerra Cristera, quizá uno de los temas del siglo XX que más influye en el México de principios del siglo XI sin que ello parezca haber sido superado con amplitud.
Orden religiosa (original)
Diocesano
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Jalisco, Teocaltiche, Mechoacanejo
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
5 de mayo
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Planta arquitectónica (original)
Rectangular
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
pública
Uso inicial del inmueble
culto público (culto católico)
Tipo de uso del inmueble
Responsable del levantamiento del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
14 junio, 2009