Imagen principal
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Antecedentes históricos
La capilla que fue construida quizá en el siglo XIX sigue en funciones a pesar de que, durante más de un siglo, ha atravesado algunos periodos de integración y sobre todo de que, desde la desaparición del régimen de propiedad de la tierra que hizo posibles las haciendas, ésta ha sido entregada a la comunidad para su custodia y atención.
La obra se encuentra en el extremo poniente del pórtico que funcionó como vestíbulo de acceso a la "casa grande" que dio sentido y cohesión a la hacienda que heredó hasta su nombre al nuevo asentamiento. En el área de ese portal se han conservado sólo vestigios de su trazo y unos cuantos restos de muros que permiten concluir cómo fue ese importante espacio de la obra de conjunto hasta antes de que cambiaran las condiciones de su existencia. Entre los restos de arquitectura debe señalarse que es posible advertir la presencia de adobes, el material que con mayor profusión y sabiduría fue utilizado en la erección de los diversos espacios que demandaba el funcionamiento de la hacienda.
La capilla se alza, así, en un medio que ha transitado de la continuidad casi a la desaparición, es decir, entre ruinas y a la expectativa de mejores tiempos, condición que promete una obra en cierto grado de avance en el extremo poniente de la que ahora es la plaza del pueblo.
En las perspectivas hacia la capilla es posible advertir que la torre del campanario probablemente fue producto de un periodo de intervención posterior a la apertura de la iglesia, tal vez unos años después de la mitad del siglo XIX. Esa observación se debe a que la propia torre no se encuentra en el paño de la fachada del templo y a que los rasgos de ese volumen corresponden a las influencias que ejerció la Catedral de Guadalajara, sede que fue terminada en sus campanarios hasta después de 1854. En esas circunstancias, el paramento que tendría que formar la fachada principal del inmueble realmente no existe y la fachada se integra, en la observación, con la presencia del arco de acceso -que hace las veces de portada-, al fondo de los restos del pórtico, y la torre del campanario, que se alza en los límites del muro lateral sur del templo, a unos metros del paño del acceso.
La portada, como se anotó, consta sólo de un aroorebajadoalquedeñnensusjambas,lasimpostasquevinwlanlaslíneasverdcal&sconhcuwaqueasc¡endeyelamopmp¡ammdicho.5e trata de una gruesa moldura que sobresale apenas del paño del muro de fondo. Los únicos elementos que recuerdan que allí se ubica un espacio distinto a los demás de la hacienda son los dos
capiteles que terminan las jambas y que se convierten en impostas del arco que arranca justamente ahí.
La torre del campanario se apoya en un cubo agregado al muro sur de la capilla y, hacia la altura del volumen, arranca con dos cuerpos y termina en un remate, elementos todos en los que son ostensibles las influencias que ejercieron en su diseño las torres de la Catedral de Guadalajara. Acerca de la torre conviene añadir que es un componente tardío respecto del conjunto pero, igualmente, que es una pieza de aliento popular si bien podría ser un producto académico: ello se debe a que sus autores supieron interpretar los rasgos de la sede episcopal tapatía con la inclusión de los sistemas de proporciones que dieron origen a las dimensiones de los vanos para las campanas y hasta los óculos que se abren en el segundo cuerpo de ese volumen. En el
remate se observa, sin duda, un reflejo del templo tapatío, evocación que trasciende los ámbitos de la construcción para demostrar, incluso, algún apego de los jaliscienses de varios sitios alrededor de su iglesia principal.
En las perspectivas que produce la aproximación a la capilla es posible advertir, también, que la estructura de la iglesia igualmente incluye una bóveda ligeramente más peraltada que la otra
para señalar justamente el sitio del presbiterio: ésta es una pieza que se eleva un tanto para recibir una linternilla y un capulín, elementos que muy bien pueden sustituir la presencia de una cúpula mayor, objeto que no fue construido por las razones más diversas. La linternilla y el capulín rematan en una pieza de planta circular que en mucho contribuye a dar un toque de detalle a la composición de la bóveda.
El recinto de culto es de planta rectangular y su interior fue dividido en dos tramos estructurales diferentes a los que definen sus arcos formeros. El primero de ellos corresponde al área del coro y a la nave en la que se congregan los fieles mientras el segundo fue determinado por un arco triunfal derivado del arco formero para alojar propiamente al presbiterio. En el interior el espacio está organizado y dominado por el presbiterio y, desde luego, por un arreglo a modo de retablo de linaje popular en el que destaca una doble figura de la Virgen de Guadalupe.
El retablo lleva un frontón de trazo triangular soportado por cuatro columnas que terminan en capiteles emparentados con el orden clásico corintio. En el entablamento hay una interrupción que se prolonga por el interior del frontón para dar espacio a un lienzo que representa la Virgen como se le conserva en el Tepeyac. Frente a ese retablo se alza un segundo elemento de interés: se trata de un ciprés al que forman también cuatro columnas de linaje clásico y en cuyo interior -determinado por una semiesfera- se encuentra otra imagen de la Guadalupana, ésta de bulto y coloreada a la manera popular.
Si bien faltan datos fehacientes sobre el origen y el desarrollo de la capilla, es evidente que las pinturas murales decorativas revelan proceder de un momento de cierta relevancia ocurrido en el segundo lapso del siglo XIX.
OBSERVACIONES
Esta capilla es uno de los pocos elementos de la hacienda de su nombre que no han desaparecido o que no han sido modificados desde la época del cambio de circunstancias que transformó la antigua propiedad privada en un conjunto de áreas públicas abiertas ligado con la creación de un nuevo poblado.
El Medineño, en efecto, es una localidad que se ha formado en el territorio y con algunos elementos de lo que fue una extensa y relevante hacienda productora de tequila desde la etapa media del virreinato. En el curso de los primeros decenios del siglo XX, y con el reparto agrario y la entrega de muchas propiedades a las comunidades, se inició la reorganización de los espacios de las haciendas ahora con las cualidades y los atributos de los pueblos que se habían ido integrando en tomno de las actividades sociales más relevantes de sus regiones.
Entre los rasgos sociales de los asentamientos espontáneos se encuentra, sin duda, el que aconseja destinar un espacio destacado y alcanzable a las funciones de guía espiritual que tienen lugar en las iglesias: por ello, y a lo largo de los últimos años del siglo XX debió ser atendida por la sociedad una obra que, como la capilla de la hacienda, antes estuvo solamente al servicio y al cuidado de una familia. La obra, que desde luego es insuficiente para las demandas de la sociedad actual, fue proyectada e incorporada a los haberes de la hacienda cuando su destino estaba claramente definido pues no prestaría servicios sino para unas cuantas personas. Y eso desde una etapa avanzada del siglo XIX, época de la que proceden, sin duda, la mayor parte de sus elementos independientemente de que varios de ellos hayan llegado a ese momento desde periodos de intervención ciertamente más antiguos.
Orden religiosa (original)
Diocesano
Grupo religioso fundador
Estado, Municipio, Localidad
Estado Municipio Localidad (Original)
Jalisco, Tequila, El Medineño
Tipo de vialidad o calle
calle
Nombre de la vialidad o calle
Sin Información
Número y/o identificador de la vialidad o calle
sin número
Tipo de asentamiento humano
colonia
Nombre del tipo de asentamiento humano o colonia
N/A
Código Postal
N/A
Otra localización
N/A
Planta arquitectónica (original)
Rectangular
Planta arquitectónica
Categoría arquitectónica
Tipo de propiedad
privada
Uso inicial del inmueble
culto público
Tipo de uso del inmueble
Uso actual del inmueble
Responsable del levantamiento del inmueble
Fecha del levantamiento del inmueble
1 diciembre, 2008







